Los faros

Mirtha Briñez

Debo investigar el origen de estas pesadillas; tengo hacerlo pronto, mi padre envejece. Él quizás pueda explicarme la relación entre las pesadillas y los faros: el real y la réplica que se encuentra en el cuarto de mi hermana. Nunca entendí por qué son diferentes; ambos fueron diseñados por él. Necesito saber quién es ese anciano desdentado de cabellos alborotados, que me maldice con esos esos chillidos escalofriantes y ojos llenos de odio, y que me es desconocido. Será un largo viaje, pero lo emprenderé. 

Han pasado más de veinte años y el tiempo parece haberse detenido, todo luce igual, es como una postal antigua.  La casa donde nací esta como la vi la última vez, solo el árbol del columpio luce más fuerte y robusto. 

―Claret, ¡que sorpresa!  

―Papá, que bien te ves.

― Gracias. La tranquilidad de la isla me sienta bien. ¿Estás de vacaciones?

―Sí, quería verte.

― Espero que no te importe alojarte en el cuarto de tu hermana, el tuyo lo estoy reparando.

―Claro que no, me encanta la vista del faro.

―Pues andando. Como no te esperaba, que tal si vamos a cenar al restaurante del faro.

― ¿Un restaurante en el faro?

―Ok, estaré lista, ¿a las siete?

No pude evitar mirar el crepúsculo y el faro que ya emite su luz. Son tal como en mi sueño: desde la barandilla hasta la cúpula están rodeada de una malla de color rojo igual que las franjas entre piso y piso, resaltan sobre el fondo blanco y esas graciosas ventanillas. Sin embargo, la réplica solo tiene barandilla.

―Puntual como siempre, papá.

―Llegamos.

―Se ve lindo y la pérgola alrededor le da una vista increíble.

―Me alegro que te guste, yo la diseñe.

― Sabes esta vez sí voy a subir hasta la sala de la linterna y caminar por el balcón.

―Temo que no, están haciendo algunas reparaciones.

― ¡Papá!, ¿qué pasó en ese faro? Te contaré la razón por la que estoy aquí: sueño con el faro real, con la réplica y con un viejo que me maldice.

―Tú no puedes saber del enojo del viejo farero, no habías nacido.

― ¿Dónde has estado investigando? ¿Quién te ha contado?

― Nadie me ha contado nada, espero que tú lo hagas ¿Me vas a obligar a investigar?

―Tienes razón, debes saber la verdad, mañana lo haré. Hoy estamos de celebración por el reencuentro. 

Después de una noche intranquila: soñé con mi madre y mi hermana, flotaban en túnel sin fin. Mi padre estaba en la cocina esperando por mí. 

―Daremos un paseo por la playa, llevo el desayuno.

―Genial.

En la playa, comenzó a contarme la historia que deseaba pudiera disipar los fantasmas que me acechaban por las noches.

Me encargaron la construcción del nuevo faro, la familia vino conmigo. Tu madre estaba embarazada de ti y tu hermana tenía doce años. Los expertos consideraban conveniente un faro con tecnología moderna y no era posible reformar el viejo. Él único que no estaba conforme era farero, perdería su empleo. No era cierto él sería el guía turístico en el nuevo faro y tendría su vivienda en el.

El día de la inauguración del faro; el viejo farero se acercó a mí y a la familia y nos llenó de maldiciones. Nuestra estancia se prolongó, ellas se sentían felices aquí. Después de tu nacimiento tu madre se volvió melancólica: depresión postparto. Cuando tenías solo tres meses, un día ella subió al faro y se lanzó al vacío. 

Regresamos al continente, yo estaba perdido, delegué mis responsabilidades sobre mis suegros. Tu hermana se convirtió en una adolescente rebelde, con problemas de alcoholismo. Volvimos a la isla para el sepelio de mi padre. Una noche tu hermana y unos amigos subieron al faro, ella, borracha se subió a la barandilla, dio un traspié y cayó. Después de ese accidente se resolvió colocar la malla de acero que cubre la parte superior del faro. También por ese tiempo el anciano farero desapareció.

Luego de perderla a ella también; me convertí en el padre sobreprotector que conoces. Esa es la historia.