El interrogarotio

Mª Ángeles Muñoz

Se oyó el frenazo de un coche, que realizó un giro de tal modo que se ubicó delante de otro vehículo, cortándole el paso.  Del primero salieron dos agentes de policía portando armas, gritando:

⎯¡Salga del coche con las manos en alto!

⎯¡Eh, tranquilos! ¡Yo no he hecho nada! ¡¿Qué es lo que quieren de mí?!

⎯Tiene que acompañarnos a la comisaría. Allí le dirán todo lo que quiere saber.

Le leyeron sus derechos, y lo metieron esposado en el automóvil.

Cuando llegaron a su destino, lo llevaron por unos pasillos llenos de gente y bullicio, y le indicaron dónde tenía que esperar para el interrogatorio.

Era una habitación sin ventanas; había una mesa rectangular en el centro, metálica (igual que las tres sillas). En una pared había un gran espejo, desde el que un miembro de la policía podía observar, desde otra habitación, todo el interrogatorio. Era un lugar que impresionaba.

—Señor González, somos los comandantes López y Giménez, y estamos encargados de hacer este interrogatorio. Por lo que hemos visto en el informe, usted fue el último que estuvo con la señorita Miranda Cruz, que ha sido encontrada muerta en un callejón cerca de su domicilio. ¿Quiere explicarme qué relación tenía usted con la víctima?

⎯No puede ser eso que usted dice; es espantoso.  La conocía desde el instituto y manteníamos una buena relación. Yo no haría nunca lo que ustedes dicen. Qué atrocidad… Era mi amiga. Nunca, nunca haría tal cosa.

⎯ ¿Dónde estuvo usted de diez a doce de la noche?

⎯Me fui del trabajo, directamente a mi casa. Estaba muy cansado, y me apetecía descansar, así que cené y me puse a ver la televisión.

⎯¿Puede decirme qué programa estaba viendo?

⎯No sé qué programa había en la televisión, porque me quedé dormido enseguida. Y, después, me fui a la cama: hoy tenía que madrugar.

 ⎯¿Hay alguien que confirme su coartada?

⎯No, estaba solo.

⎯ ¿Puede recordar algo que nos ayude a solucionar este crimen? Puede ser cualquier cosa, aun cuando crea que no tiene importancia. A nosotros nos vendría muy bien cualquier detalle, una conversación… ¿Últimamente ella había cambiado su carácter o su forma de actuar? Seguramente, usted sabrá qué amigos tenía. ¿En su trabajo tenía compañeros que fueran más cercanos?

⎯Yo no sé nada de eso; nuestra amistad era de hace años. Cada uno iba por su lado y, cuando estábamos juntos, hacíamos comentarios en general, sin nombres, ni nada de eso.

⎯Bueno, por el momento va a quedar retenido en la comisaría. A ver si se le ocurre alguna cosa más… si es así, por favor, avísenos. Agente, lléveselo retenido hasta nueva orden. —El policía le preguntó a su compañero:

⎯¿Qué opinas del interrogatorio?

⎯Estoy convencido de que oculta algo; no sé bien qué es. Pero hay algo oscuro que tenemos que aclarar. Creo que deberíamos ir a darnos una vueltecita por su trabajo y por su domicilio, a ver qué nos cuentan, y también por el domicilio de la víctima y por sus alrededores.

⎯De acuerdo, tienes razón; vamos a movernos porque tenemos demasiados cabos sueltos.

******

Los policías fueron al lugar de trabajo de la víctima. Uno preguntó al entrar:

⎯ Por favor, ¿el encargado de la tienda?

⎯ Fermín, preguntan por ti.

—Buenos días, ¿qué desean?

⎯Somos inspectores de policía, y venimos a preguntar por la señorita Miranda, que trabajaba en este establecimiento. Nos gustaría hacerles unas preguntas a usted y a los empleados.

⎯Por supuesto; pueden hacer todas las preguntas que ustedes quieran. Ha sido un duro golpe para todos: Miranda era una buena empleada y muy querida.

Entrevistaron a los empleados, quienes les comentaron sobre el comportamiento de la víctima: últimamente estaba muy nerviosa y se enfadaba sin tener motivos.

Desde allí se fueron al domicilio de Miranda, donde hicieron preguntas a los vecinos, y en los establecimientos de los alrededores, donde también preguntaron por el acusado Raúl González y su relación con ella.

Con toda la información, volvieron a la comisaría donde, en una pizarra, empezaron escribir detalles del caso. Después de muchas horas de trabajo, llegaron a la conclusión de que el asesino era Raúl González. Ese día, lo habían visto varias personas de su barrio discutiendo muy acaloradamente con Miranda.