Cuando haces pop, ya no hay stop

Eduard García

AVISO: ESTE RELATO PUEDE CONTENER MATERIAL QUE PUEDE HERIR LA SENSIBILIDAD DE ALGUNOS LECTORES.

 

El mayor vicio es el que se deja querer. 

—La radiografía sale confusa —dice señalando la lámina—. La ecografía muestra una masa densa y viscosa. Hay indicios de hemorragia. —El silencio invade la consulta. Me mira y se desespera—. ¿Me puedes ayudar a entender la situación? —insiste el doctor. 

—¿Me van a operar? 

—Me temo que sí. 

—¿Me dolerá? 

—Ese no va a ser el problema. —Asiento y dirijo la mirada a la radiografía: una masa oscura del tamaño de una piña se observa en esta. Recuerdo aquella primera tarde encerrado en el armario con Juan durante la fiesta de cumpleaños de su hermana. Sonrío—. ¿Te hace gracia? 

—No —miento. 

El doctor suspira abatido y se recuesta en su silla. 

—Ayúdame a ayudarte. Si no me explicas cómo y con qué te has hecho esto, no podré hacer nada por ti. Creo que con el qué basta. El cómo es puro morbo. —Al pasar unos segundos sin haber contestado, el doctor se incorpora—. Dime, Anníbal, ¿cuántas van ya?, ¿tres? 

—Cuatro —contesto. 

El doctor se lleva los dedos a la cabeza y los chasquea. 

—¡La cuarta! —ironiza—. Se me había olvidado: la primera fue la lata de Coca-Cola, la segunda… ¿cuál fue? 

Intento evitar reír pero al final lo hago. 

—La del salami. 

—¡El salami! El salami… ¿Cómo se me ha podido olvidar? —Se levanta de la silla; observa la radiografía y hace una pausa para darle más dramatismo. Creo que se empieza a enfadar—. Pero el señorito no se quedó contento con el día del salami. Aún me echo una panzada de reír con mis alumnos al recordar la tercera. ¿Sabes? Con lo de la polla. ¿Te acuerdas? —Asiento—. ¿Te acuerdas de aquel día que viniste con la polla lila? ¿Y que, después de haberte preguntado durante horas qué era lo que te había pasado nos dijiste (y cito textualmente) “que, para durar más en una orgía, te pusiste coca en la punta del cipote”? ¿Te acuerdas de que, cuando no se te bajaba y de que se te ponía del color de una morcilla, corriste a urgencias? Casi te la tuvimos que cortar. ¿Te acuerdas? Porque yo sí, y a mis alumnos les encanta escuchar esa anécdota. Es su favorita. Creo que la titulan “La historia de la polla es la polla”. Menuda me montó la Merceditas aquel día. No sé si lo recordarás, porque yo sí: eran las cinco de la madrugada y tuvimos que atrasar una cesárea, y todo para poderte salvar el pene. ¿Te acuerdas de los catéteres que te clavamos? ¿Y de que, para drenar y bajar la hinchazón, te tuvimos que ordeñar como a una vaca para sacarte la sangre por las agujas? Esa paja te salió gratis ¡Eh, cabrón! 

Titubeo. Pienso en los beneficios terapéuticos de la sinceridad y, con calma, explico al doctor la excitación que me provoca recibir dolor durante el acto sexual. “Algorafilia”, puntualiza él. Luego le comento la etapa que tuve al probar algo nuevo con los chorizos, salamis y algún salchichón… Tras una breve explicación del doctor, me entero de que la autosatisfación con fiambres se llama botulinonia. Parece todo un experto el jodido. 

—¿Y ahora? —me interrumpe el doc. 

—Llevo un tiempo utilizando juguetes. Hasta hace tiempo me gustaba que me metieran la mano, ya sabe… por allí, por donde nunca toca el sol. Evidentemente, no empecé con la mano, sino que fui probando con un dedo. Cuando me acostumbré, probé con dos, hasta que un día me sorprendí metiéndome la mano entera. Al final… ya sabe, doc —le digo mostrándole una mano con el puño en alto y deslizando la otra hasta la altura del codo. El doctor me dirige una mirada entre dolor y curiosidad. 

—No me llames doc. 

—Hace tiempo que no sentía tanto placer; últimamente me he animado a probar cosas nuevas. 

—Braquioprosis —puntualiza. Ya decía yo que tras sus gafas asoma puro vicio. 

—¿A eso se le llama meterse cosas por el culo? —Asiente con la cabeza—. ¿Como juguetes, bolos o coches de colección? 

—Entonces, lo que llevas en el culo, ¿es un Hot Wheels? 

—Creo que eran ocho… ¿Es grave? 

—Perforación anal, desgarre rectal, hemorragia masiva e indicios de sepsis. 

—Digamos que pinta negro ¿No? —me río. 

—¿Te hace gracia?  

—Lo siento, doctor. Es que me parto el culo.