Mirtha Briñez
Consecuencias

Extenuada y desparramada en un banco de la plaza, frente a una cantarina fuente, Mara, envuelta en una nube de tabaco; maldecía a gritos: “Todo es culpa de Eva, esa maldita mujer”. Los transeúntes, la miraban, unos con asombro y otros con compasión, estos últimos pensaban; ¿qué la habría trastornado? No parecía una malviviente, lo contrario lucía limpia y hasta bonita.
Había un hombre que leía un pesado libro, parecía antiguo, las tapas, eran gruesas, lujosas y muy gastadas. La observaba desde que había llegado. Mara recobró la compostura y la furia devino en llanto. El lector se acercó a ella ofreciéndole un pañuelo. Un hombre que aún usaba pañuelo la sorprendió, levantó la vista para ver su rostro. Era un hombre de edad indefinida, el cabello y la barba blanca, hacían contraste con la juventud de su semblante.
― ¿Puedo sentarme?
―Claro
―Perdone la curiosidad, ¿Quién es Eva: su jefe, su suegra o la amante de su marido?
―Ninguna de ellas. Soy viuda, el me abandonó cuando más lo necesitaba y la culpable fue ella. Murió por un aneurisma cerebral. Una malformación.
―Dice usted que Eva no es su suegra.
―No señor, me refiero a Eva, la primera mujer.
―Créame señora. no la entiendo; ¿Qué relación tiene Eva, la del Génesis, con su infortunio?
―Ella es la culpable de todas las desgracias de la humanidad. Por cierto me llamo Mara.
―Mara, me gustaría escuchar su explicación. ¿Es creyente, conoce las escrituras?
―Creo en algo superior, pero no en las escrituras del hombre y cuando me refiero a hombre, hablo del sexo masculino.
―Comprendo. Es feminista.
― ¡No!, solo a un hombre se le puede ocurrir algo tan ridículo: una serpiente tentando a una mujer; la mayoría de nosotras detestamos o tememos a esos bichos. Y no somos estúpidas.
―Nunca lo había pensado así. Es razonable. Por favor, cuénteme como cree usted, que sucedió y, por qué Eva es la culpable.
―“Según los libros sagrados Dios nos creó a partir de una costilla de Adán. Ese hecho nos marcó; desde siempre hemos estado diseñadas para el movimiento. Eva, ya estaba aburrida del Edén, y por supuesto de la pasividad de su pareja. Cuando ella sintió aquel cálido aliento sobre su cuello y el estremecedor susurro en su oído: invitándola a desobedecer y luego al ver como el hermoso hombre alado, la miraba, no dudo. Adán nunca la había mirado así”.
―Según usted, Lucifer fue como la malvada bruja de Blanca Nieves, él le dio la manzana, el fruto del árbol prohibido.
―No, la manzana es un símbolo; creo que Lucifer la poseyó. Ella plena y hechizada decidió despertar a Adán, para enseñarlo. Quizás Caín no fue engendrado por Adán.
―Mara, admiro su imaginación. Ahora entiendo porque culpa a la pecadora de todos sus infortunios.
―Usted lo ha dicho: la pecadora. Dios castigó a todos los descendientes de ese linaje: “Parirás con dolor”, “ganaras el pan con el sudor de tu frente”, etc… No solo se entregó a Lucifer, también a sus hijos, el Génesis no habla de otras parejas. Ni el Creador, ni su creación pensaron en las consecuencias.
―Mara, no creo que Dios no supiera lo que iba a pasar.
― ¿Exime de culpa a Eva?, dice usted, que el culpable es Dios.
―Eso me temo, mi querida señora. Usted me ha dejado pensando y dudando en todo lo que creía.
―No me haga mucho caso, estoy pasando por un mal momento, muchos problemas. Ha sido usted muy paciente, no me dijo su nombre.
―El lector, sonrió, me llamo Jesús. La próxima vez consultaré a una mujer.





