Amparo Piñeirua

Códigos

  La primera vez que lo vi, fue un lunes que salía a toda prisa de la regadera y me pareció ver números escritos en él espejo de mi baño, que se veían por el vaho que yo había dejado al bañarme.

   Pensé, seguro no limpié bien, me sequé y la toalla la pasé por el espejo, sin darle mayor importancia.

   Al ver que seguían apareciendo, empecé a preocuparme. ¿Quién escribía esos números, si yo vivía sola?, decidí apuntarlos quería descubrir que significaban, siempre eran los mismos 1814321.

   No quería preocuparme, pues en esos días no me sentía muy bien, me daban fuertes dolores de cabeza, en ocasiones temblaba, tenía vómitos y diarrea. Los médicos aun no daban con lo que tenía, con las emociones subiendo y bajando estos síntomas se presentaban con mayor frecuencia e intensidad, así es que lo llevaría con calma.

   Uno de los días que no me sentía tan mal, me dirigí a la biblioteca después del trabajo. Estuve ahí un par de horas, pero no fue fructífera mi búsqueda, sin embargo, entablé una conversación con otro usuario de la biblioteca, al contarle lo que me estaba sucediendo le pareció muy interesante y prometió ayudarme en esa tarea.

   Yo seguí asistiendo a la biblioteca, cuando mi salud me lo permitía y siempre me encontraba con el Señor que había prometido ayudarme.

   Uno de esos días me dijo

 

—Marcela encontré algo que te puede interesar

—¿Que es Gustavo?, cada día estoy mas cansada me siento como un muerto viviente y gasto mucha energía en venir aquí, necesito guardarlas para mi trabajo

—¡Mira lo que encontré! Códigos de Grabovoi y justo este número tiene que ver con la salud. Dirige la energía hacia la consecución de un estado óptimo de salud. Por lo visto alguien te quiere dirigir hacia allí escribiéndote este número en el espejo.

   Me quedé perpleja, quien me quería ayudar en mí enfermedad, alguien del mas allá o del mas acá.

   Esa noche blanca en donde la luna brillaba en su máximo esplendor, empecé a leer sobre este código y al ir realizando lo que ahí me decían fui mejorando poco a poco. Me metí en terapia y descubrí que tenía muchas cosas que resolver y al no fluir mí energía se concentraba y explotaba en síntomas como los que había tenido.

   Mis amigas y yo solíamos ir a que nos leyeran el café o las cartas, con una mujer que conocíamos. Yo nunca tomaba en cuenta lo que me decía, mas bien era diversión, pero la última vez que fui el misterio del espejo se resolvió.

Ella me preguntó si yo tenía una relación estrecha con una mujer que se llamaba Alicia. Me sorprendí, pues Alicia era mi abuela a la que había querido como a nadie, ella y yo teníamos una relación muy especial llena de amor y complicidad que se había terminado el día que murió, el dolor había sido tan desgarrador que intenté meterme en el trabajo como nunca para que el dolor no se presentara tan a menudo. 

 

   Ella había estado escribiendo esos códigos.