Andrés García

Viajeros

La nave espacial קאָסמאָס diseñada para dar el salto cuántico comenzó la maniobra de aproximación al vórtice del gusano espacio-temporal. Era un salto riesgoso, nunca antes intentado pues solo era una  posibilidad matemática. Se especulaba que la nave podría catapultarse al pasado o al futuro y aunque el peligro era inminente, el orgullo racial y la promesa de riquezas mantenían a la tripulación decidida. 

Al acercarse al gusano, una potente ola de radiación electromagnética envolvió a la nave y la comunicación con su planeta natal se cortó abruptamente, ¡Estaban solos!  Ante ellos, el umbral del gusano se desplegaba en un torbellino de luces y sombras retorciéndose en una coreografía cósmica. Con un suspiro el piloto ajustó los controles y se adentró en el vórtice. De inmediato, el universo entero se deformó. Las paredes del túnel pulsaron con colores brillantes, cada tono bailando y mutando, como si estuviera vivo.

Dentro de la nave, el espacio parecía ondularse como un río turbulento, con corrientes de tiempo y materia entrelazándose en un tapiz incomprensible. A su alrededor,  ventanas efímeras se abrían y cerraban caprichosamente, ofreciendo vislumbres de mundos distantes. Estos destellos de otros universos eran tan abrumadores que la tripulación quedaba momentáneamente paralizada por la asombrosa exhibición.

Un súbito temblor sacudió la nave, arrancando a los ingenieros de su trance. La alarma sonó con urgencia, una llamada penetrante que atravesaba el zumbido de la nave y el murmullo confundido de la tripulación.

— ¿Por qué suena la alarma? — preguntó el capitán, su voz un intento de calma en medio de la incertidumbre.

— Los giroscopios han sido afectados por la anomalía, capitán — respondió el ingeniero, con sus ojos fijos en los instrumentos. — Es imposible medir la velocidad angular. Estamos navegando a ciegas.—





Mientras el ingeniero hablaba, la nave se acercaba peligrosamente al borde interno del gusano. La anomalía temporal se intensificaba, afectando no solo a la estructura de la nave sino también a la percepción del tiempo del mando de cabina. Algunos comenzaron a murmurar sobre visiones del Big Bang. Sus gotas de sudor en expansión. Otros, con ojos desorbitados hablaban con frenesí de un espacio que se contraía, su voz aguda por el miedo.

 El capitán olvidó el paso del tiempo. Las luces de la cabina parpadeaban de manera errática, reflejando la distorsión del espacio fuera de la nave. Los rostros de la tripulación iluminados por el caleidoscopio de colores que danzaban en las paredes del túnel, acentuaron su tono azul.

  • ¡Concéntrense todos! ¡Necesitamos mantenernos enfocados si queremos salir de esto!— rugió el capitán, intentando imponer orden en el caos. 

La nave continuaba su travesía a través del gusano, adentrándose en un reino donde las leyes de la física, tan confiables y constantes en su mundo, aquí se retorcían y doblaban en formas impredecibles.

 Entonces, tan abruptamente como había comenzado, el viaje terminó. La nave emergió del otro lado del gusano espacio-temporal en un sector del universo completamente desconocido, un vasto lienzo de estrellas cercanas que parecían estar en un movimiento constante. Detrás de ellos, el portal del gusano se cerró, sellando su paso y dejándolos a la deriva en este escenario. Aunque el viaje había sido un mero parpadeo en el tiempo les había alterado su percepción de la realidad. En sus rostros los tintes azulados en sus venas atestiguaban los trazos del miedo.

Ante ellos se extendía un horizonte desconocido.

Una transmisión de radio, débil pero clara, rompió el silencio. Era un llamado en la inmensidad del espacio que resonaba urgencia.

  • Denme un análisis rápido de lo que estamos recibiendo— ordenó el capitán.
  • Es una onda repetitiva de gran longitud y alta frecuencia. No me parece natural, creo que es una transmisión de algún tipo de inteligencia— respondió el astrofísico a cargo.
  • ¡Piloto! rastra su origen y enfila la nave— concluyó el capitán.

En ruta al planeta emisor de la señal, descubrieron un satélite en órbita planetaria.

  • Obremos con cautela, aterricemos en el satélite parece deshabitado, así tendremos tiempo de investigar antes de mostrarnos — expresó el capitán.

Mientras descienden, los escudos electromagnéticos de la nave emitían un zumbido constante al formar una barrera protectora. La tripulación se prepara para lo desconocido, cada uno preguntándose qué misterios revelaría esta señal captada por casualidad.