Todo lo que no pudimos

Ana E. Moita

—¡Yo no te pedí nacer! 

—No digas barbaridades de las que te puedas arrepentir. 

—¡¿Arrepentirme?!¡¿Arrepentirme?! ¡Yo voy hacer que te arrepientas de haberme tenido! ¡Soy un desastre, un despojo humano, un miserable, un fracasado, un mieeeeerda!

—Yo no he dicho que seas un mierda. No pongas palabras en mi boca que nunca he pronunciado. 

—¡Nunca lo has dicho! ¡Pero sé que lo piensas! 

—¡No des golpes! Deja de dar golpes. Nunca he dicho que seas nada de eso.

—¡Doy los golpes que me da la gana! ¿No quieres golpes? ¡Toma golpes! ¡Toma golpes!

—¡No, por favor! No des más golpes. Deja de tirar las cosas, te lo ruego. Venga, vamos a tranquilizarnos, vamos a sentarnos y hablamos las cosas como debemos hacerlo. 

—¡¿Cómo debemos hacerlo? !Tú siempre haces las cosas como se deben de hacer, ¿verdad? ¡La super madre, la heroína, la super mujer! ¡Vete a la mierda!

—Tranquilízate, hijo, por favor. ¡Vamos a sentarnos!

—¡No llores! ¡No soporto que llores! ¡Deeeeeja de llorar! ¡Qué dejes de llorar! 

—¡Noooo, eso no! Eso me lo regaló tu padre. ¡No, no, no!

—¡Papá! ¡Otro que tal baila! ¡¿Dónde está papá?! ¡Eh! ¡¿Qué dóoonde está papá?!

—Ha salido. 

—¡Anda! ¿Él sí puede salir y yo no? 

—Tenía que hacer unos recados. 

—Él siempre tiene que hacer recados. Lo que no quiere es estar aquí. ¡Dame el dinero! ¡Me quiero ir!

—Te he dicho que no tengo nada. 

—¡Ya sé lo que me has dicho, pero es mentira! ¡Qué me des dinero! ¡Dame dinero o lo tiro todo! ¡Todo!

—No hay dinero escondido en ningún sitio. 

—¡Sé que lo tienes escondido! ¿Dónde está? ¡Maldita sea! Aquí no, aquí tampoco, aquí tampoco. ¿Cuántas cosas quieres que te rompa? ¡Esta también! ¡Y esta! ¡Y esta!

—¡Basta ya! ¡Deja de tirar cosas! ¡No tengo nada escondido! ¡No vas a encontrar nada!

—¡Nada! ¿No? Pues yo no encontraré nada, pero tú te vas a quedar sin nada. ¡Ahhhhhhh! ¡Maldita vida!

—¡Hijo, por favor, tranquilízate! ¡Va a volver a venir la policía! ¡Te van a llevar otra vez arrestado! Tranquilízate. 

—¡Pues que me lleven! ¡Si es la única manera de salir de aquí! ¡Qué me lleven!

—¡Deja la puerta, hijo, la vas a romper!

—¿También has escondido las llaves? ¿Dónde están las malditas llaves? ¡¿Qué dónde están?! 

—Yo no las tengo, hijo. Déjame, no me empujes. ¡Hijo, por favor! ¡Qué no las tengo! ¿Qué haces? ¡Déjame! Me has roto el bolsillo. No me toques, ¡no me toques!

—¿También te doy asco? 

—¡No, hijo, por Dios! Solo quiero que te tranquilices. Me estás haciendo daño. No me agarres. 

—Quieres que te suelte, ¿verdad? ¡Te quema la mano de tu propio hijo! ¡Sientes como te arde la piel! ¡Sientes asco!

—¡No digas tonterías! ¡Eres mi hijo! Solo quiero que razones. Que seas un buen hijo, una persona honrada, trabajadora, feliz. 

—¡Feliz! ¡¿Qué es ser feliz?! ¿Tú eres feliz, mamá? ¡Con un hijo drogadicto y un marido ausente! Me río de la felicidad. ¡Vaya mierda de felicidad! ¡Ahhhhhhh! ¡Me tiro por la ventana!

—¡No hijo, por favor! ¡No vuelvas a saltar por la ventana! Te volverás a romper una pierna o algo peor. 

—¡No puede haber nada peor que estar aquí encerrado! ¡No me dejas vivir!

—¡No! ¡No saltes, hijo! 

—¡Suéltame las manos, mamá!

—¡No, nunca te soltaré! ¡Si caes tú, voy detrás!

—¡No digas tonterías! ¡Suéltame, maldita seas! ¡Mamáaaaaaaa!

—¡Nooooooooooo!

—¡Suéltame!

—¡Qué noooooooo!

—¡Te vas a caer, mamáaaaaaa! ¡Por favor!

—Sí, pero contigo. 

—¡No, mamá, nooooooooooooooooooooooooooooo!