Reacción | Ángela Castrillón
Vas caminando. Suena una canción que te encanta; la guitarra acústica y el piano se escuchan
de modo espectacular. Se acaba el andén, y te dispones a cruzar la calle con un vaivén de
hombres, mientras con los brazos das la entrada a la voz:
Quiero morirme de manera singular,
Quiero un adiós de carnaval
Cantas al unísono con César Mora.
Sientes una bicicleta que pasa a toda velocidad y te roza. El ciclista casi cae al piso, pero en
una maniobra rápida se reincorpora y sigue como bala. Te bajas los audífonos al cuello y le
gritas: “¡Hijueputa! ¡Fíjese por dónde va, malparido, gonorrea!”. Sientes que la sangre se te
sube a la cabeza y tu rostro enrojece.
Escuchas un pito hundido; volteas y ves a la Virgen aproximarse a ti: te choca. Vuelas por los
aires, caes al pavimento y suena un “Crack”. Quedas con los ojos abiertos mirando al cielo
nublado de Bogotá un domingo de julio.
Buses y camiones pasan por el carril del lado; todos miran impactados tu cuerpo y se santiguan.
Se escucha: “Que en paz descanse”, “Que Dios la tenga en su santa gloria”. Pero la celebración
debe continuar. “¡Piiii, piiii, piii!”. Los vehículos van adornados con la Virgen del Carmen, la
patrona de los transportadores. Llevan globos de colores y cintas.
Los audífonos siguen sonando:
“No quiero velas, no quiero un sermón (¡oye bien!)
Quiero la voz de esa mulata, un trombón
Morir en tiempo de son, bendición”
Ojalá ese desfile de vírgenes te bendiga y se abran las puertas de los cielos para ti.
Últimos relatos







