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Quisiera ser viento | Ana Efigenia

Quisiera ser viento | Ana Efigenia

 Quisiera ser viento 

22 de febrero de 2025, 9 grados, se prevé marejada ciclónica 

A la nanita nana, 

nanita, ea, 

mi niño tiene sueño, 

¡bendito sea! 

Ea, ea, ea… 

Vete a susurrarle canciones dulces; vete y bésalo en la frente. Corre con esa bravura que  te caracteriza y llévale mi amor.  

Tú, que puedes acariciar su piel; tú que puedes oler su aroma; tú, que puedes mecer su  miedo; tú, que puedes abrazar su ser, vete y bésalo, bésalo tan fuerte que sienta dolor,  que el dolor lo estremezca y le recuerde el cobijo de su madre. Vete viento valiente, y  encuéntralo por mí.  

El matinal 23 de febrero 2025 

UN PUEBLO CONSTERNADO POR OTRA PÉRDIDA 

Este lunes, el viento guarda luto. La madre del pequeño Nicolás ha amanecido muerta en  su domicilio temporal (en Tazones). Ha sido hallada en el salón, abrazada a un diario en  el que escribía, día tras día, desde hacía un año. Un gran revés para la familia que justo  hoy llora el primer aniversario de la desaparición del pequeño. 

A las once de la mañana, se ha llevado a cabo el levantamiento del cuerpo, que se  encontraba tendido en el sofá de la estancia, a fin de realizarse el análisis forense.  También, los miembros de la Brigada Central de Investigación de Delitos contra las  Personas, han incautado el diario a modo de prueba.  

25 de febrero de 2024, 10 grados, fuerte marejada 

Querido viento, tú que todo lo puedes, que arrastras las olas del mar hasta el horizonte  y las haces volar, que meces las ramas de los árboles creando música, que empujas las  nubes por el firmamento, que aguardas calmado hasta que te enrabietas, que sabes  acariciar con la brisa, susurrar con tu canto, castigar con tu fuerza… búscalo y llévale  mi pena. Tú, que puedes llegar hasta él, dile que lo estoy buscando, que no descansaré  hasta encontrarlo. Dile que le escribo cartas de amor, dile que lo espero en el porche, sentada como cada noche. Que el columpio seguirá vacío hasta que se vuelva a balancear  por él. Dile que te envió yo y que espero una respuesta. Tráeme su olor, su risa, su llanto; 

tráeme algo… 

26 de febrero de 2024, 8 grados, marejadilla 

Hoy te esperaba rabioso, encolerizado. Hace tres días que ansío que me traigas noticias  de Nicolás. Ya sé, ya sé… No lo has encontrado. Puedes hacerlo; eres el único que puedes  hacerlo. Anoche te escuché: litigabas con el mar. Amanecí en el porche pensando que  seguías enfurruñado, pero el océano, con su serenidad, me ha confirmado que le  tatareabas melodías de amor.  

Llévale las mías a mi niño Nicolas; llévale mis lágrimas y mi tortura. Llévame con él.  27 de febrero de 2024, 7 grados, marejada anormal 

¿Le has hecho llegar mis besos? Te mandé mil para él. Repártelos por su cuerpo, como  solía hacerlo yo. Busca sus cosquillas y arranca sus risas, deja que las oiga, tráeme su  canción. 

28 de febrero de 2024, 11 grados, rizada 

No te rindas, ¡encuéntralo! 

29 de febrero de 2024, 3 grados, arbolada 

Quisiera ser viento para buscarte sin parar. Quisiera ser tú, y que tú estuvieras en mi  lugar.  

 *** 

Se oye el desasosiego del “aire de las castañas”. Busca algo. Irrumpe con fuerza y golpea  todo lo que se encuentra. Ha visitado el mar y lo ha dejado encolerizado. Viene arrollando  y gritando. Sacudiendo con rabia.  

Esta mañana no ha recibido alabanzas, ni peticiones, ni palabras. Esta mañana el porche  está vacío.  

Vuelve al mar, cabizbajo y sin fuerza. Apenas ruge. Se arremolina en la orilla y levanta la  arena al pasar. Luego zozobra sobre la sal y crea burbujas. Salpica y se dedica a buscar.  De pronto se vuelve salvaje, incontrolable. Se zambulle en el agua. Sale y entra, y vuelve  a salir. El océano se turba oscuro, marino quizás. Comienzan los remolinos y las  corrientes. Las olas se agigantan, se crean trombas. Llega un huracán… La lluvia dinamita  el agua. También busca sin parar.  

Hoy ha aparecido el cuerpo de Nicolás mordido por el mar. Se oyen canciones dulces,  canciones de amor. El viento se ha convertido en brisa; lo acaricia y lo besa en la frente.  Luego, corretea y silba hasta llegar al porche. Mece el balancín. 

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