No me consta | Óscar López
Llevaba semanas encerrada en mi piso. Quería terminar el manuscrito de mi primera novela erótico-romántica para adolescentes pajilleros. Los envoltorios de chocolatinas convertían el escritorio en un mosaico; las colillas se apilaban en el cenicero como una torre Jenga a un soplido de venirse abajo. De mi higiene personal, mejor no hablo: hacía días que no me aseaba. Solo me levantaba para hacer pis y caca, y aun así llevaba el portátil conmigo por si la inspiración me pillaba con las bragas bajadas.
Mi flujo de trabajo era perfecto hasta que lo interrumpió la notificación de un correo. No suelo recibir nada interesante que no sean facturas o propaganda, así que lo abrí. Procedía, supuestamente, de la compañía donde tenía contratado mi seguro de decesos. Decía:
Estimada asegurada:
Lamentamos comunicarle su fallecimiento. Sepa que usted y su familia no están solos: estamos aquí para ofrecerles el mejor servicio.
López / No me consta / 2
Si desea hacer cambios de última hora en los detalles de su sepelio o no está conforme con las condiciones de su defunción, pulse el enlace.
Este correo ha sido generado automáticamente. No responda.
Si era una broma, tenía menos gracia que mi último amante en ropa interior. Dudé un instante: pulsar el enlace y ponerles de vuelta y media o mandar el correo a la papelera. Como no podía descartar una estafa, farfullé un “a tomar por culo” y lo archivé. Volví al manuscrito.
Estaba a punto de describir cómo un magnate podrido de dinero vertía un chorrito de burundanga en la cerveza sin gluten de la protagonista cuando se fue la luz. De repente, dejé de ver un pijo. Menos mal que tenía la manía de guardar cada tres segundos; de lo contrario, la niña de El exorcista habría parecido una pija educada al lado de lo que hubiera soltado yo.
Qué raro: los plomos no habían saltado y en el resto del edificio había luz. Tenía que ser cosa de la compañía eléctrica. Llamé y, tras varios minutos de música infame, me atendió un agente que entendía menos que mi Alexa cuando le hablaba con la boca llena de chocolate. Comprobó mis datos, me dejó otro minuto en espera y anunció con tono neutro: —Hemos procedido a la interrupción de su suministro.
—¿Qué habéis qué? —bufé.
—El último recibo fue devuelto por el banco. Motivo: fallecimiento del titular. Se me hincharon las venas del cuello.
—¿Y entonces yo qué coño soy? ¿El fantasma de Canterville?
—No me consta, señorita…
La comunicación se cortó.
Volví a llamar: no había línea.
López / No me consta / 3
—Me cago en todo lo que se menea —bramé—. ¡Se van a enterar estos gilipollas del banco!
Cogí llaves, documentación y la primera chaqueta que encontré. Salí dispuesta a resucitar a alguien a hostias.
—Comprendo su malestar —dijo la directora con el mismo tono condescendiente con el que mi profesor de piano desaprobaba mis errores—, pero entienda que no es habitual que alguien conste como fallecido y siga vivo… en carne y hueso.
Apreté los puños.
—Pues ya lo ve: todavía tengo pulso.
—De acuerdo —cedió, suspirando—. Podemos tramitar la recuperación de sus bienes, pero antes necesito su certificado de defunción original.
Dejé a la directora pulverizando ambientador en su despacho y salí echando espuma por la boca. Aquello ya no era una pesadilla: era el infierno, pero con formularios. Cuando llegué a casa, me habían cambiado la cerradura. En la puerta colgaba un “SE VENDE” y, en el portal, otro cartel anunciaba una misa en mi honor.
Tardé semanas en demostrar que no estaba muerta: ventanillas, formularios, fotocopias, funcionarios que me hablaban en pasado… Al final recuperé mi identidad, dinero, piso y salud mental. Ya podía retomar la novela justo donde la dejé.
Entonces llegó otro mensaje de la aseguradora. Acongojada, lo leí con mucha atención.
Estimada asegurada:
Le informamos de que hemos tramitado con éxito la anulación de su fallecimiento. Gracias por confiar en nosotros. Lamentamos las molestias ocasionadas. La IA responsable del incidente ha sido sustituida por un modelo equivalente.
López / No me consta / 4
Por favor, valore del 1 al 10 su grado de satisfacción con el servicio prestado.
Pulsé el 1.
“Lo sentimos: solo pueden votar los asegurados fallecidos del todo”. Farfullé un “a tomar por culo” y lo archivé.
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