fbpx
⚠️ PROMO AÑO NUEVO ⚠️ Accede a PREMIUM por solo 49,90€ 29,90€ ⚠️

Mi padre

Araceli Cuevas

—¿Quién cojones era ese hombre que te ha saludado en la calle?

—Un cliente de la empresa.

—¿Y por qué se toma tantas confianzas contigo?

—Hombre, porque llevamos varios meses trabajando juntos en un proyecto.

—¿Ah, sí? ¿Y por qué no me habías contado nada?

—Porque no te interesan los proyectos de energías renovables.

—¿Y entre «ecologetas» siempre os tratáis así? ¿Con sonrisitas y tocamientos?

—¿Qué tocamientos, Ramón?

—Ahora me negarás que si te estrecho la mano, que si un rocecito en el codo, que si dos besitos de despedida. Sé perfectamente lo que he visto Alicia.

—Eso es pura cordialidad, cariño.

—¿Pura cordialidad? ¿Y eres así de cordial con todos los hombres de tu trabajo o sólo con los tíos buenos de gimnasio que llevan las costuras del traje a punto de reventar?

—No empieces con eso, Ramón.

—Que no empiece ¿con qué?

—Con tus celos.

—Igual yo no empezaría con mis celos si tú no fueras por ahí provocando a todo macho que se te cruza.

—¿Provocando?

—¿Y cómo llamas tú a esas faldas de tubo, a esas blusitas semitransparentes y a esos taconazos que gastas desde que has vuelto a trabajar?

—Ropa de trabajo.

—¡Ja! Tú lo único que quieres es que te miren el culo y las tetas. Ponerles cachondos a todos. ¡Guarra! ¡Que no eres más que una guarra provocadora!

—No quiero seguir con esto, Ramón.

—Pues yo sí. Porque estoy harto de ver como te contoneas por ahí y tener que callarme la boca.

—Yo no me contoneo.

—No me mientas, Alicia, no me mientas. Tú te piensas que yo soy gilipollas porque no fui a la universidad como tú y tus amiguitos del curro. Pero yo no tengo un pelo de tonto, ¿me oyes?

—No hace falta que grites.

—Sí que hace falta, porque estoy hasta los cojones de cruzarme con los vecinos en el portal y que se rían de mí por cornudo.

—Jamás te he sido infiel.

—Ya. ¿Y entonces por qué se ríen?

—Nadie se ríe de ti.

—¡Todos se ríen! Porque todos saben que eres una puta. Solo hay que verte salir todas las mañanas vestida como una furcia camino del trabajo.

—Pero cariño…

—Ni cariño ni ostias. A saber a cuántos te has tirado ya desde que volviste a la oficina. ¡Zorra!

—Por favor, deja de gritar.

—Gritaré lo que me salga de los cojones. Porque ya estoy harto de callarme mientras me chuleas. Que te crees que no me entero de nada, pero no soy imbécil. Y esto se ha acabado. Esto se acaba aquí y ahora por mis cojones. ¡Puta de mierda!

En ese momento di tal puñetazo en la mesa que el cristal crujió. Y al girarme me encontré con mi padre. Con esa cara suya que tan bien conocía. El pelo revuelto, la frente cubierta de sudor, el ceño fruncido y los ojos entornados, mirando desde abajo, las aletas de la nariz completamente abiertas y los dientes apretados, tensando toda la mandíbula. Pero no era solo su cara. Era su postura. El pecho ligeramente inclinado hacia delante, hinchándose al ritmo de su respiración agitada, el cuello perfilado por todos sus músculos, los brazos flexionados y separados del torso y los puños apretados hasta emblanquecer los nudillos. Era mi padre. Y sabía perfectamente que es lo que iba a pasar a continuación. Porque lo había vivido muchas veces. Con mi madre, con mi hermano, conmigo. Alguien iba a recibir una paliza.

Solo que no era mi padre. Era mi reflejo en el espejo del salón. Era yo. Apunto de pegarle la primera paliza a mi mujer. Yo. Que había odiado a mi padre durante toda mi infancia. Que tantas veces había deseado su muerte. Yo. Que me juré no parecerme nunca a él. Y no bebo. Jamás me he emborrachado. Pero allí estaba. Yo. Dispuesto a asestar mi primera cornada. Y mi imagen era nítida. Y por eso salí corriendo. Porque me di el mismo asco que me daba mi padre. Y no pude soportarlo.

El Arte de Escribir y la Emoción del Entretenimiento Scrivere, Sognare e Giocare Scrivere, Giocare e Sognare AviaMasters - Juega con Dinero Real en el Casino Online Chicken Road - Juega el Slot Online Penalty Shoot-Out Street - Juega con Dinero Real Plinko - Juega con Dinero Real