Mirtha Briñez

Instante

La pantalla negra era cruzada por ondas lentas y espaciadas, rompían la oscuridad de la habitación y el bip, bip de la máquina cortaba el silencio. De repente en el parpadear de un segundo, reinó el silencio y una línea recta sustituyó a las dilatadas olas. El rostro que reposaba sobre la almohada en un instante rejuveneció; las huellas de los años alrededor de los ojos y la boca desaparecieron, no reflejaba ni angustia ni dolor. De los labios ligeramente entreabiertos ningún aliento. La vida había huido con el sueño.