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I love mi calle | Andrés Pino

I love mi calle | Andrés Pino

En todos los partes meteorológicos se olvidan de predecir el tiempo que hará en mi calle; puede que sea porque es muy difícil de saber. En mi calle puede ponerse a llover de golpe porque la Jacinta, la mujer del jardinero, no hace más que regar sus geranios, y a veces el Cristian y su novia, la “Cristiana”, le gritan para que los riegue también a ellos, y la Jacinta saca la manguera y les pega cuatro manguerazos. Pero eso ya se sabe, no son más que tormentas de verano, que son locales, que en el resto de la calle hace un calor que te pasas. Hace tanto calor que la Shinchana se sale fuera del restaurante chino de sus padres y se queda en bragas, la muy guarra, en la puerta del restaurante. Y a veces, como no tiene vergüenza ninguna, si su hermano el Shinchan tiene que ir a entregar un pedido lo acompaña sin ponerse el vestido ni nada. Pero eso no pasa mucho, porque en mi calle muy poca gente hace pedidos de comida china. Que todos sabemos por qué el Shinchan y la Sinchana no tienen, ni han tenido nunca abuelos, que nadie ha visto nunca un chino viejo en la vida. Yo sí tengo abuelo. Mi abuelo es ese que está sentado en la puerta del bar; está esperando a que abran. El pobre ni se ha enterado de que cierran en agosto, y luego mi madre tendrá que ir a buscarlo cuando sea la hora de comer, porque mientras está en la puerta del bar no molesta a nadie, eso dice mi madre. A veces es mi hermano mayor el que va a buscar al abuelo. Mi hermano el Aitor tiene un mejor amigo, el “Sebo” que es el niño más gordo y más fuerte del barrio. No es tonto el Aitor, nadie le pega a un mejor amigo del “Sebo”. Aunque creo que no es por eso que son amigos, se ríen mucho juntos, él, el “Sebo”, el Cristian, y su novia, la “Cristiana”, a veces también se ríe el Shinchan. En cambio, ni la Shinchana ni yo entendemos nada de lo que dicen, pero bueno, nos reímos igual, que si no parecemos tontos y niños pequeños que no se enteran de nada.

Este muro es el sitio donde nos reímos, el pilón, así es como lo llamamos, y fuimos mi hermano y yo quienes una noche pintamos el pilón. Todavía me acuerdo de la cara de los demás al verlo y la de felicitaciones que nos dieron por la pintada de “I love mi calle” y es que realmente nos quedó acojonante. Eso dijo el Cristian, y si el Cristian lo dice, es que es verdad. Además, que el Aitor y yo lo hicimos de corazón, porqué aunque mi madre no hace más que decir que está deseando que nos hagamos mayores y que nos vayamos lejos, a otra comunidad autónoma si puede ser, mi hermano y yo sabemos que nunca nos iremos de casa. Así que ya se puede ir quitando esa idea de la cabeza, mi madre, que a nosotros nos gustan las cosas como están y, por no cambiar, no cambiaremos nunca ni de casa ni de calle.

Y como mi madre nos dijo que eso se nos olvidaría en cuanto nos hiciésemos mayores, el Aitor y yo decidimos que no se nos olvidaría si lo dejábamos por escrito, y por eso pintamos el pilón, y los demás estuvieron tan de acuerdo que firmaron también la pintada, y ahora ya estará para siempre. Y lo que se escribe y se firma, es verdad y nunca cambia, aunque pase el tiempo.

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