“¡Corten!”,sonó con fuerza la voz del director. Después de unos momentos de silencio, todos en el plató comenzaron a aplaudir: había terminado el rodaje de Casablanca.
Tom también aplaudía. Ahora comenzaba su trabajo. Le habían encargado revisar todos los camerinos y las oficinas provisionales. Debía asegurarse de que no quedara nada importante antes de que los desmontaran. En cuestión de días, no quedaría rastro del Rick’s Cafe, el lugar donde las despedidas, a pesar de no ser reales, habían sido tan dolorosas.
En uno de los despachos, encontró una mesa llena de papeles. La mayoría eran páginas con marcas y anotaciones hechas con diferentes colores. Entre estas, le llamó la atención un guion encuadernado. En la portada, apenas se leía el título y, debajo, varios nombres tachados. En tinta azul, con letras mayúsculas, alguien había escrito: “Revisión final: no usar”.
Tom pensó que no debía leerlo. Dudó un instante antes de sentarse sobre una caja de madera y comenzar a leer. Allí estaba detallado todo lo que se había grabado durante el rodaje: el reencuentro en Casablanca; la tensión en el Rick’s Cafe; el cinismo de Rick, la figura inflexible del mayor Strasser… Hasta que llegó a una escena que no recordaba. Estaba marcada como “Escena 76. Alternativa”.
76-A.INTERIOR – HANGAR DEL AEROPUERTO – NOCHE
El aeropuerto está envuelto por la niebla. El avión con destino a Lisboa está a punto de despegar.
En el hangar, esperan Rick, Ilsa y Laszlo.
ILSA
—¿Estás seguro, Viktor?
LASZLO
Por supuesto, querida. Strasser va a acabar
deteniéndome. No quiero que tengas que seguir
huyendo eternamente. Esta es la mejor solución
para todos.
Ilsa se acerca, lo abraza y le da un beso en la mejilla. ILSA
Siempre estarás en mi corazón, Viktor.
Rick se acerca a Laszlo y le estrecha la mano.
RICK
Hasta siempre, Laszlo.
Ilsa y Rick se dirigen hacia el avión.
Mientras se alejan, se escucha un disparo.
Laszlo yace en el suelo en medio de un charco de sangre.
Ilsa y Rick detienen el paso un momento. Se miran a los ojos, pero no vuelven la vista atrás. Continúan andando hacia el avión.
Fundido a negro.
Tom sintió un escalofrío: aquella escena no solo alteraba el final, sino que lo cambiaba todo. Mientras recuperaba el aliento, escuchó unos pasos que se acercaban: era Michael Curtiz, el director, que había olvidado su abrigo. Al ver que Tom tenía el guion en las manos, frunció el ceño.
—Eso no debería estar ahí —comentó contrariado.
—Lo siento —se disculpó Tom, poniéndose de pie rápidamente.
—¿Lo has leído? —le preguntó.
—Sí —asintió Tom, mientras le devolvía el guion.
—Durante semanas no pudimos decidir cómo debía terminar —comenzó a hablar Curtiz. Cada día llegaban nuevas ideas, nuevas modificaciones, nuevas páginas. Algunos querían un final romántico; otros pensaban que debía ser más patriótico… Esta fue una de las últimas propuestas que recibimos. Quizás, aseguraba el éxito, porque el público siempre agradece que los amantes permanezcan juntos.
—¿Y, entonces, por qué la descartaron? —preguntó Tom.
—Porque el mundo está en guerra —le respondió—. Y, a veces, el amor no basta. Curtiz guardó con cuidado el guion en el bolsillo de su abrigo.
Salió de la habitación en silencio.
Poco después, se apagaron las luces del estudio.






