El mundo tiene forma de pelota

Darwin Redelico

 

                                                                                    “Descolgando el cielo,

                                                                                               Tres millones van…”

                                                                                          Edú “Pitufo” Lombardo



Aquel 16 de julio de 1950 a la negra Ramona le vinieron las contracciones. Estaba sola en su casa aquel domingo de final mundialista. Su negro, Anselmo, era parte de la barrabrava que estaba escuchando el match por la spika del bar.

Ramona convocó a su vecina, y ésta, como si fuera el técnico, le ordenó a su hijo que se pegara un pique hasta la cantina para que le avisara que se venía el vástago. Mientras tanto, la parturienta se “colgó del travesaño” y aguantó el cero como pudo.

  _ ¡Justo hoy! ¡Qué hinchapelotas! – fue todo lo que se le ocurrió comentar tras escuchar el relato de su mujer. Y eludiendo todas las barreras la dejó en sanidad para que el nuevo player saliera por el túnel. 

Con su enorme “garra charrúa” la negra Ramona trajo a la cancha a Obdulio Jacinto -lo llamó igual que al capitán de la hazaña- el mismo día del Maracanazo. El padre, que por su culpa no pudo seguir el partido, se lo reprocharía por siempre y reclamaría su revancha.

Pero a pesar de su debut en un día de gloria, su vida no fue precisamente la de un crack. Era chiquito, chueco y según quienes lo conocieron le faltaban algunos jugadores. Como si le hubieran metido un gol desde el vestuario a temprana edad perdió al viejo, estaba trabajando en la obra donde jugaba de peón y tuvo una muerte súbita. 

Sin tiempo de llorar derrotas apechugó y salió a pelearla. ¡Pobre Obdulio Jacinto, le tocó “pelar las chauchas” tan chico! Muy joven se puso la cinta de capitán, asumió el liderazgo de su familia y todas las mañanas salió a meter para darle de comer a la vieja y los hermanos.

Fue peón, mandadero, barrendero, sereno, hasta que la vida lo golpeó arteramente. Las malas juntas y la desesperación, lo hizo alinear en el equipo equivocado. Gente de mal vivir, pero con más vestuario le prometió falsos trofeos. Un día metió la mano, y la policía que lo venía marcando lo atrapó. Los compañeros lo mandaron al arco, y aunque intentó defenderse el juez le sacó tarjeta roja y lo envió al penal. La suspensión duró algunas fechas, y otra vez a jugar.

Por fortuna el viento se puso a su favor y conoció a su negra, talentosa, trabajadora y como diría Obdulio Jacinto con “tremenda delantera”. Al poco tiempo pasó al equipo de los casados y los mellizos fueron su gol de media cancha. El negro se puso la camiseta, todos los días transpirándola para su familia. Haciéndole fintas y gambetas a las adversidades, parando con el pecho las adversidades nunca dio por perdido un partido, aunque le embarraran la cancha. Y ante cada planchazo que le daban, como los verdaderos guapos se levantaba sin protestar y pedía la pelota de nuevo.

Pasaron los años, los mellizos estudiaron y pasaron a mejores ligas. Su negra sigue siendo su fanática y la que le da aliento. Su mayor devoción es seguir a través de la radio o la televisión a su selección, y su gran triunfo sería devolverle a su viejo el título que se perdió. 

Hoy día Obdulio Jacinto es cuidacoches. Con sus 73 años todavía cubre toda la cancha como un center half, no dejando pasar una. Desborda sobre el verde césped de las veredas y si ve alguna extraña incidencia hace sonar el silbato y alerta.

Es servicial con sus vecinos y siempre les tira un centro para iniciar una conversación:

_ Ya le lavé el auto don Héctor.

_ ¡Qué jugador y no lo ponían! ¡Gracias Obdulio!

_ ¿Qué me cuenta? Dicen que hay 70.000 desocupados.

_ ¿En serio? Es un Estadio Centenario. ¡Qué barbaridad!

Pero hoy es un día especial, 11 de junio de 2023. Cambió su uniforme habitual y se puso la “celeste” a ver si le regala un sol. Obdulio, que está jugando los descuentos y quizá no tenga más chances, verá a su paisito jugar una final para ser campeón mundial. 

¡Claro que son juveniles!, pero un título es un título y en un país donde somos poquitos y apasionados igual vale. En pocas horas los pibes se la juegan contra los tanos. “Nunca favoritos, siempre desde atrás…” 

Obdulio va a verlo al mismo bar de la esquina donde está colgada la foto de su viejo que quedó esperando 73 años para ser campeón de nuevo.