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Entre plomo y kevlar | Ana Fortuny

Entre plomo y kevlar

Ana Fortuny

Corre el año 2052.  En el edificio más seguro de la ciudad de Frederick, Maryland, se reúne el Concejo Mundial que controla el protocolo a seguir para la supervivencia de la especie humana.  Escuchan el mensaje del Doctor Artos, el presidente y anciano del grupo:

ꟷDamas y caballeros del Concejo. Nos han confirmado que las esporas de Venatrix umbra, el hongo más letal y genéticamente modificado, fueron lanzadas a la atmósfera por los miembros del clan Amanita.  Tienen seguidores en todo el mundo y no les importa morir con tal de eliminar a los hombres y mujeres del planeta.  Se odian a sí mismos y no soportan la presencia de otros.  Como saben, teníamos sospechas de estas acciones y hemos reunido en el último refugio a los humanos con las mejores capacidades.  Son nuestra esperanza para garantizar la supervivencia.  

ꟷ¿Los eligieron de acuerdo con nuestra propuesta? –inquirió Muran, el representante de Francia.

ꟷ Sí.  Elegimos individuos de diferentes países, expertos en medicina, ingeniería, agricultura, ciencia, educación, mantenimiento de infraestructura y a estudiantes jóvenes y brillantes. Aparte de las características anteriores, los seleccionamos por su tendencia al minimalismo.  Buscamos que esta comunidad pueda ser autosuficiente.  Las edades son variadas, así los chicos pueden aprender de los mayores.  El rango va de 15 a 45.

ꟷ¿Qué capacidad tiene el refugio? ꟷquiso saber Urízar, de España.

ꟷEstá diseñado para 5000 personas, tal vez más, pues queremos que se sientan cómodos mientras dura el encierro. Dejamos maquinaria e instrucciones por si quieren ampliarlo.  Los cálculos sugieren un mínimo de 500 a 1000 individuos.  La proporción de hombres y mujeres debería de ser equilibrada para asegurar la capacidad de reproducción. Pero nosotros colocamos más mujeres en el refugio.

ꟷ¿Más mujeres? ꟷpreguntó Jónsdóttir, la embajadora de Islandia.ꟷ ¿Cómo es eso?

ꟷ500 “Evas”, para ser exacto.   Y 50 hombres, así durará más la comida, el agua, el aire con oxígeno.  Nos ahorraremos los recursos que gastarían los otros 450 varones. ¿Entiende ahora? ꟷcontinuó Artos.

ꟷPero eso sería…

ꟷComo en la Antigüedad.  Tal vez lucharán entre ellos.  Si hubiese alguna objeción, lo lamento, no podemos modificar nada.  Los elegidos ya están en el paraíso subterráneo. Tendrán que arreglárselas en esas condiciones.

ꟷNo entiendo lo del minimalismo ꟷcontinuó Muran.

ꟷEs su mejor cualidad. Prefieren tener un par de pantalones y camisas en vez de un closet abarrotado que les complica la vida.  En sus maletas cargan una mudada extra, un cepillo de dientes, una foto, tal vez.  Preguntaron si podían llevar libros, pero les dijimos que hay una biblioteca equipada en el refugio.  Todos son voluntarios y hablan inglés.

ꟷ¿Les hicieron pruebas en relación con la estructura social y sicológica? ꟷdemandó de nuevo Muran.  Sus colegas tenían en la mano el pequeño vial de color ámbar, listo para romper en la parte más delgada. Ya no les importaba mucho saber los detalles que explicaba el anciano.

ꟷPor supuestoꟷ continuó Artosꟷ.  Todos tienen un certificado de inteligencia emocional acreditado por la ADI.  Serán capaces de mantener el orden y la cohesión. Su salud mental estará a salvo en ese entorno cerrado y desconocido. Y bien, ¿estamos listos?

ꟷ¡Listos! ꟷcontestaron a coro. Cada uno rompió el vial en el instante en que una niebla amarilla, con apariencia inofensiva, penetraba por las rendijas de las ventanas.

Mientras tanto, en el refugio, Sony, el último de los “elegidos”, y quien se proclamará como el líder, cierra la compuerta de plomo, la de hormigón y la de kevlar.  Recorre el pasillo que se abre a un espacio ancho, de varios kilómetros cuadrados iluminado con energía geotérmica.  Le parece un sueño inalcanzable caminar debajo de un bosque subterráneo, con riachuelos y manantiales.  Es la misma sensación que minutos antes, sintieron los demás.  Los experimentos de los ecólogos dieron resultados exuberantes. Granjas hidropónicas, estanques para peces, gallineros, recintos con cerdos rosados, todo integrado y funcional.  

Pasan los meses y los años.  Las computadoras y las cámaras los conectan con el exterior. 

Afuera, ningún humano pisa la superficie terrestre.  Lo que antes estaba muerto, ha florecido.  Ven los cambios como si fuera una serie del antiguo Netflix.  

Bajo tierra, conviven como si fueran una gran familia.  Ningún niño ha nacido.  Han acordado que es mejor así.  

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