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Sergio Llamas | Y por ti rezarán

Portada de Sergio Llamas | Y por ti rezarán

—¿De verdad es tu tío?
—Sí —repitió Jules mirando la pantalla.
Debía ser la décima ocasión en que se lo preguntaba. Supuso que no era
fácil creer que uno de tus amigos fuera el sobrino del líder de una secta.
—¡Vaya, es increíble! —insistió Martin.
A su compañero de clase le habían regalado un teléfono móvil, algo que
Jules no llegaría a tener al menos hasta dentro de dos años —«no hasta que
cumplas los 15», le habían asegurado en casa—. Ahora, en un vídeo, miraban
la fotografía de su pariente envuelto en una túnica negra. Llevaba la cabeza
afeitada y unos extraños símbolos dibujados con pintura le cubrían la cara.
Un joven youtuber, con piercings en la nariz y carmín en los labios, estaba
contando su historia. Relataba su «truculento final» desde las inmediaciones
de una casa aislada. Allí, explicaba a la cámara, trece personas habían muerto.
La historia no era del todo nueva. Un par de años antes, los tutores de
Jules le habían explicado quién había sido su tío. De vez en cuando algún
periodista se acercaba a preguntar y le habían pedido que evitara hablar con
ellos. «Verás Jules, era un poco excéntrico», le habían dicho. Pronto aprendió
que «excéntrico» significaba «loco» y que «secta» debía ser «un grupo de
locos».
—Mira, llega a entrar en la casa — dijo Martin.
Con un dedo aceleró el vídeo. Al hacerlo, el joven de la pantalla parecía
corretear por toda la finca señalando una casa. Mostraba unos troncos
colocados junto a unas piedras que debían ser los asientos alrededor de una
hoguera, los restos de un vehículo oxidado y a veces se enfocaba a sí mismo
hablando con una voz que, al reproducirse tan rápido, sonaba como el trinar
de un pájaro.
—Aquí —dijo Martin. Se sabía el vídeo de memoria.
«Hay una ventana abierta. ¿Nos atreveremos a entrar?», decía el joven.
Más que abierta, la ventana estaba rota. Al colarse por ella, la imagen se
oscurecía. Luego todo se teñía de gris y mostraba una gran sala vacía. En el
suelo de madera había dibujadas unas figuras geométricas, sujeto a las

paredes de piedra se veían candelabros con restos de cera fundida y unos
pendones deshilachados colgaban marchitos del techo.
«Menuda pasada», apuntó el tipo del vídeo. Con pulso firme, recorrió el
lugar con una panorámica. La brisa hacía ondular algunas telas de araña y
ponía a bailar el polvo suspendido en el aire.
«Fijaos en eso», señaló un reloj de cuco. Las agujas no se movían. «Dicen
que se paró la noche del sui…», un pitido ocultó el resto de la frase.
—Es Youtube —explicó Martin—. Censura algunas palabras.
«Cuentan que a medianoche suena». El tipo del vídeo movió unos dedos
frente a la cámara. «¡Uuuuúúúuuu!» —ululó.
Siguió caminando hacia el altar. Detrás, había una silla vacía con el
respaldo alto, como un trono.
«Éste era el sillón del Gran Maestre, Richard Laymon».
—Tú no te apellidas Laymon.
—Es mi segundo apellido. Sssshhh, quiero oír el resto.
En el vídeo seguía recorriendo la habitación. Se acercó al altar pasando un
dedo por encima de su superficie de piedra. Al acercarlo al objetivo, se veían
restos de algo pegajoso.
«¡Puaj!, no quiero ni imaginar qué es esto».
Rodeó el altar y se acercó a la pared del otro lado. Incrustado en ella había
una especie de caja fuerte: era un sagrario.
El chico del vídeo tiró de un pestillo y movió la pequeña puerta. Dentro se
veía una copa metálica.
«¿Y esto?», costaba saber si estaba ensayado. La tomó en sus manos,
enseñándola a la cámara. Estaba medio llena. El líquido se había vuelto tan
espeso que parecía solidificado. «Han pasado 13 años», recordó el youtuber,
acercándola a su cara. «Huele como algo agrio», describió. Entonces, como si
acabara de descubrir otra cosa, volvió a asomarse al receptáculo.
«¿Qué más hay?». Enfocó el fondo de la caja. Varias cucarachas paseaban
por encima de un pequeño rollo. «Parece un pergamino», dijo. La cámara
tembló, como si le recorriera un escalofrío mientras la colocaban enfocando el
sagrario. Una mano sacó el papel y lo desenrolló. Parecía una oración. Allí
Jules leyó su nombre escrito.

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