Graciela Figueroa

Reflejo de un alma

“Un alma triste puede matar más que un germen”

John Streinbeck

 

Un domingo en la mañana decidí visitar una galería de arte en compañía de mi esposo.  Fue una de las experiencias más extrañas que haya vivido. Encontré esculturas y cuadros espectaculares, pero hubo uno en especial que llamó mucho mi atención; una pintura realizada al óleo de un hombre maquillado de payaso, sentado en un sofá, sosteniendo en una mano una botella de licor y en la otra un cigarrillo. Se nota que vive en un lugar descuidado y sin servicio de luz eléctrica.  La musculatura de sus brazos delata que hace un poco de ejercicio. Su actitud es de abatimiento.

Tanto me cautivó el cuadro, que mi mente decidió adentrarse en él para saber más sobre la vida de ese personaje enigmático; descubrir qué pensamientos llenan su cabeza, qué emociones siente en ese momento, qué dolor oculta su alma y su corazón.

Me sentí como un fantasma dentro de la pintura. De repente, el personaje cobró vida, se movía, susurraba maldiciones, empezó a fumar y a tomar de la botella que sostenía en la mano izquierda. Él no me veía, pero yo sí veía todos sus movimientos y empecé a escuchar todo lo que decía.

“A pesar de hacer reír a la gente en mis shows callejeros -se decía a sí mismo. Soy un triste y amargado payaso”

Daba un trago a la botella y una fumada a su cigarrillo; y continuaba.

“¿Por qué te tuviste que ir? ¡Nos llevábamos tan bien!” -repetía una y otra vez.

 Entre sollozos volvió a tomar otro trago de licor.

En un instinto por saber más, le pregunté:

— ¿De quién hablas?

 Para sorpresa mía, él me escuchó y contestó:

—¿Cómo qué de quién? Pues de la Mago, mi compañera. Era tan a todo dar, tan joven, llena de vida, siempre dispuesta ayudarme. No pudimos tener hijos, pero nos teníamos el uno al otro.

De repente, se quedó pensativo y se cuestionó: “¿De dónde sale esa voz? ¿será mi conciencia, o ya estoy delirando?”. Yo me quedé callada un rato, y luego, volví a hacer otra pregunta.

—¿De qué murió la Mago?

—Del cochino cáncer que la atacó. ¡No pude hacer nada! Todos nuestros ahorros se fueron en el doctor y las medicinas. Ahora ya no me importa nada, no tengo hambre, no tengo ganas de trabajar, no tengo ganas de vivir. ¡Maldición, hasta la luz ya me cortaron!

—Tienes que levantarte y trabajar, la vida sigue —le expresé animosamente.

—Eso decía mi padre: “no importa que tu alma llore, el show debe continuar”. Aunque en realidad, lo que yo quiero es alcanzar lo antes posible a la Mago, donde esté. Pero como soy muy cobarde para matarme, prefiero que esta maldita bebida acabe conmigo, aunque sea lentamente.

 Y se tiró como un muñeco de trapo sobre la desvencijada cama que tenía a un lado del sillón.

De repente, sentí como si una fuerza externa me sacara del enigmático cuadro; era mi esposo que me tomaba del brazo y me decía que ya iba a comenzar la conferencia “la expresión de los sentimientos a través de la pintura”. Volteé a ver por última vez el lienzo, y ahí seguía el payaso, inmóvil y abatido, pero ahora, acostado sobre una vieja cama.