La fiesta

ANTONIO BELTRÁN

reto literario 59 jueves 20.30

Viernes, dos de la tarde, terminan las clases en el campus de Jerez y empieza el fin de semana, después de toda la semana estudiando en la universidad había muchas ganas de salir de marcha. El lugar idóneo: una fiesta de enfermería en una discoteca en Cádiz. Una discoteca llena de futuras enfermeras, el sueño de cualquier estudiante. Esta noche el objetivo es conseguir ser el maniquí de reanimación en el que la estudiante practique el masaje cardíaco y el boca a boca.

No sería fácil conseguir la recompensa de la reanimación de esa estudiante que todos estábamos imaginando; melena rubia natural o de bote, ojos azules o lentillas coloreadas, tetas esbeltas o sujetador mágico, un metro ochenta de estatura o plataformas de 20 centímetros, cintura perfilada o faja opresora… la verdad es que nos dejaríamos engañar por las apariencias.

El primer obstáculo que teníamos que evadir era saber quién se quedaría en Jerez, el grupo lo formábamos 6 chicos y el coche solo tenía 5 plazas. Yo iba seguro, la única ventaja que tiene ser el propietario del coche es que no te faltan los amigos para estas aventuras.

Los cinco afortunados nos dirigíamos a Cádiz, el cd de El Bicho sonando a todo volumen y nosotros flotando en una mezcla de fragancias desodorantes y colonias baratas. Llegamos a Cádiz. Algo extraño estaba sucediendo, el 99 % de las personas que formaban la cola para entrar a la discoteca eran del sexo masculino, ¿estarían todas las enfermeras dentro de la discoteca o debido a la igualdad entre hombres y mujeres la ratio de estudiantes varones en enfermería había aumentado tan considerablemente que habían desaparecido las alumnas?

Una vez habíamos entrado en la discoteca descubrimos que todo el campus había pensado lo mismo que nosotros y por cada enfermera había 20 voluntarios a maniquíes de respiración cardiopulmonar.  Un grupo de chicas bailaba junto a nosotros, pusimos todo el empeño en entablar conversación, y ellas también tenían interés en conversar pero solamente conmigo. De entre 1.000 tíos, se habían fijado en mí, que habilidad para ligar, que galantería, les habría gustado mi mirada, quizás mi flequillo, hablar apenas se podía por la elevada música…cuando una de ellas se me acercó me lo dijo sin ningún rodeo, había sentido un flechazo porque se había enterado qué yo era el propietario del coche. Yo me creí lo del flechazo y no presté atención a la insignificancia de tener coche. 10 minutos más tarde estaba mi conquista en el asiento del copiloto y sus tres amigas en la parte de atrás. Le dije a mis amigos que iba a llevarlas a sus casas y después volvería a por ellos, me miraron con cara de sorpresa, pero aceptaron el plantón a cambio de quedarse un rato más en la fiesta.

Deje a las tres chicas del asiento trasero en una plazoleta, la copiloto vivía en otra dirección, accedí a llevarla y ella a que la llevara sin conocerme de nada. 5 minutos más tardes estábamos en su puerta, para agradecérmelo me dio dos besos de despedida, yo le pedí un tercero, y un cuarto, un piquito, otro y terminamos en el asiento trasero haciendo prácticas de enfermería, pero para el examen faltaba un preservativo, no teníamos, decidimos ir rápidamente a la discoteca, dejé el coche en la puerta en segunda fila, salí corriendo, le enseñe el sello de la mano al portero, el baño estaba al fondo, esquivando a varones en celo pude llegar, en la puerta había varias chicas, les dije que era una emergencia que no iba a entrar al baño solo quería sacar un preservativo de la máquina expendedora que había junto al lavabo, me permitieron el paso. Eché un euro pero no giraba la manecilla, miro y veo que se necesitan 3 euros, justo lo que me quedaba en el bolsillo, giro la manecilla y sale una cajita, era más grande de lo normal, vendrán 3 unidades pensé y salí corriendo. Me monté en el coche, bese ligeramente a mi acompañante y buscamos un lugar apartado y oscuro, seguimos las prácticas y en el momento oportuno bajo la oscuridad cojo la cajita, me cuesta abrirla, “para que me comeré las uñas” pensé. Ella cogió la caja, la abrió y empezó a desternillarse de risa, yo no sabía que pasaba, ella no paraba de reírse, me daba palmadas en el pecho…y sacando lo que había en el interior de la caja me dijo:

—Me encantan los tangas rosa como este, me dijo riendo a carcajadas.

Me quedé anonadado.

—No entiendo para que venden tangas en una discoteca —le dije riendo.