El rosario | Iñaki Rangil
Tal como hacen todas las tardes, un grupo de mujeres se reúne en los primeros bancos de la iglesia del pueblo para rezar el rosario, luego asisten a la misa, hoy no, van con prisa. Al enterarse del fallecimiento de un vecino, “no somos nada”, se le escapa en voz alta a la mayor del grupo. No es que sean jóvenes, la menor todavía soltera, Charo, hace ya tiempo que viene repitiendo su cuadragésimo aniversario. Nadie se lo menciona por delicadeza. Si acaso, alguna se ríe por lo bajo y añade un significativo “¿otra vez?”. Eso sí, con suma sutileza para que solo lo puedan escuchar las demás. Después, continúa desgranando cuentas del rosario a medida que recitan las avemarías y van pasando los misterios, hoy tocan los luminosos. Las letanías van aproximándose a buen ritmo. El que ha impuesto Nati. Se hace difícil de llevar para quien no esté habituado. Aunque ahora lo agradecen.
—Se me está haciendo largo —Rafi susurra en el oído a Charo con la sonrisa bien marcada. Lo hace a modo de mofa porque casi no entiende lo que relata Nati y ha perdido la cuenta. Consecuencia derivada del turbo inducido para concluir con celeridad.
—A esa le hace falta rematar el día, tiene prisa. El Paco debe haberle prometido algo —contesta mientras le guiña el ojo.
—Que no, que lo hace por todas. ¿No me digas que justo tú no vas a venir? —¿A dónde?
—Vamos, que estoy metiendo la pata. Mejor pregúntale a Nati —le responde muy extrañada.
A Charo le muda el tono entre verde envidia, rojo rabia y amarillo ira, piensa hablar muy seriamente con la de la alta velocidad verbal. Rafi, en cambio, esconde su rostro para ocultar su incomodidad. Piensa en los miles de sitios en los que podría haber metido su lengua en vez de haber soltado todas aquellas palabras seguidas. Total, si aquella propuesta es para todas. ¿Por qué no se lo había contado a Charo?
—“Santa María, madre de Dios…”. Oye, Rafi, dame una pista, ¿qué habéis organizado para después? —se atreve a preguntar, mientras su interlocutora hace oídos sordos.
—¿Me oyes? —le pregunta con descaro, después de darle un codazo.
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Iñaki Rangil — RETO 282-CUENTA ATRÁS
—¿Qué quieres? —inquiere, intentando eludir cualquier respuesta.
—¿Tienes sordera genital? —Charo le interroga mientras observa la cara de sorpresa de Rafi. que parece no comprender—. Pretendo saber si solo oyes lo que te sale del coño.
La vergüenza abruma a Rafi, no quiere ocultarle nada, pero también se debe a la confianza que Nati les ha depositado a unas cuantas, no a todas, como le hubiese gustado a ella. Además, hasta que ha comprobado lo contrario, creía que todas iban en el mismo barco. Esas cosas no le gustan, siendo la más interesada debería saberlo. Desea que el rezo concluya cuanto antes. Eso facilitará la descongestión de ese momento. Lo está pasando fatal, no sabe cómo contenerse sin defraudar a las dos partes. Ya siente que se lo ha hecho a una de ellas, aunque falta muy poco para hacérselo a ambas.
—Prefiero que te lo cuente Nati, fue ella la promotora. Pensaba que nos lo había desvelado a todas, hasta que me has confirmado que a ti no —se sincera sin poder aguantar más esa deslealtad. Al menos quiere mantener intacta la otra parte de la ecuación.
—Mira por dónde, ahora me parece que Nati se ha ralentizado. En cuanto termine el rosario no se escapa sin responder alguna cuestión —Charo asienta con firmeza su propósito.
“Quinto misterio, la institución de la eucaristía…”, va escuchándose a Nati mientras desespera a cada una de las componentes del grupo. A Charo, por leer la cartilla a la que lleva la voz cantante. Al resto, por motivos lúdicos.
Después de un rato en silencio, escuchando, por fin llega el “… líbranos siempre de todos los peligros, oh, Virgen gloriosa y bendita”. Salen deprisa del templo. Allí, se encara a Nati, quién, tomándola del brazo, sin tiempo a reaccionar, la aparta a un lado.
—Charo, esto es un secuestro, hemos decidido hacerte la despedida de soltera ahora. Quieras o no.
—¿Habrá boys? —Pregunta la retenida, rebajada toda la tensión, mientras irradian luminosidad sus rostros.
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