El día que se detuvo el tiempo | Aída Vergara
Esta no era una boda común, se casaba una amiga muy especial en fase terminal de cáncer. Tic tac, tic tac, el tiempo corría. Un laberinto nos rodeaba circundando a todos sin pausa ni descanso, marcando el ritmo de su vida, de nuestra vida, en caminos que bifurcaban el devenir.
Con treinta años Claudia la protagonista de esta boda, viajó a España enferma de cáncer en el estómago; sin imaginar su vida cambiaría radicalmente. Como ya lo tenía previsto el destino, en ese trayecto conoció al amor de su vida: Francisco, mejor conocido como Frank, español, bohemio, cantante de profesión, diseñador gráfico, a quien nunca se le atoraba la carreta.
Un río que fluye sin cesar: el destino se presento. Claudia aterrizó en Madrid, para después tomar un autobús a Sevilla, mientras Frank se encontraba en gira artística con la banda de rock viajando en la suburban, la cual se averió. Entonces decidio adelantarse a la banda para organizar el próximo show, tomando el primer autobús a Sevilla, coincidiendo con su alma gemela.
Casualmente, el único asiento disponible era justo con Claudia, cruzaron miradas quedando flechados. Claudia cumplía su sueño, conocer el viejo continente. Pero el encuentro con Frank fue una conexión mágica, sintió como si lo conociera de otras vidas, entablaron comunicación de inmediato charlando de todo, a tal punto comentándo acerca de la enfermedad avanzada. Frank la miraba con ojos profundos y compasivos, atónito de lo que escuchaba, sin importarle para nada ,experimentó una especie de Déjà Vu, invitándola a seguir su trayecto con él, Ella aceptó de inmediato, a partir de ese momento nunca más se dejaron.
Claudia lo acompañó el resto de la gira programada, adaptándose perfectamente al país y cultura. Lo que nunca se imagino, es que Frank sería su futuro marido en México, quien,enamorado, se aventuró a cambiar de residencia decidiéndose por , Mazamitla un pueblo mágico, siendo la inspiración para dar vida a un restaurant bar al que llamó “la palloza de Mazamitla” inspirado en un lugar existente, de nombre: “La palloza de Balboa” en León al norte de España, región de raíces celtas.
“La palloza de Mazamitla” era una hermosa palapa con temática celta, construida al principio por un arquitecto mal quedado, al que termino despidiendo, haciéndose el cargo de finalizar la obra, con la ayuda de don Lupe, un albañil del pueblo y mozos de los alrededores. Cuidando todos los detalles, con mobiliario rústico, piso de madera, mesas tipo tablones, sillas con cruces celtas replicando el diseño en las ventanas que circundaban el restaurante, lo cual le dio el toque mágico.
El tiempo, un tren que viaja a toda velocidad, sin paradas ni estaciones todos como simples pasajeros aferrándonos a los asientos, mientras el paisaje del pasado se desvanece, Claudia tenía los días contados. Frank decidió casarse con Claudia en los últimos días de vida que le restaban; regalándole la dicha de estar unidos como marido y mujer.
Fue una boda triste en el mes de julio, la ceremonia ya planearon en la terraza anexa el restaurante, invitando únicamente a amigos íntimos y familiares de los novios.
El cielo empezó a cubrirse de nubes, la neblina se apoderaba de lugar. Fue increíble presenciar como al terminar de decir los dos “si quiero”.De sopetón, una lluvia torrencial se dejó venir dando por concluida la ceremonia religiosa, resguardandose todos al unísono en el interior del lugar.
Los novios tenían ya programada su luna de miel para el siguiente día, el mal tiempo seguía, el cielo lloraba, les fue imposible salir de viaje, Claudia empeoraba. Frank cargó a su esposa, la dejó recostada en el lecho nupcial, la atmósfera era pesada, opresiva, como si el peso de la muerte estuviera suspendido en el aire, esperando su inevitable destino para ser cumplido. En cuestión de minutos que salió a fumarse un cigarrillo, al regresar, encontró el cuerpo tibio de su esposa, la abrazó echándose a llorar. Este, fue el día que se detuvo el tiempo.
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