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Mireya Castizo | El Meneíto

Portada de Mireya Castizo | El Meneíto

No hacía mucho que yo había llegado al Gran Buenos Aires. En mis ratos libres me paseaba por la calle Corrientes y miraba todo con ojos como platos. Me quería impregnar de aquella ciudad. Me llamaban la atención sus tiendas, sus teatros, sus cafeterías. Y muy especialmente una chocolatería. No tanto por la tienda en sí, sino por lo que se veía desde la calle: un hombre fundiendo el chocolate, trabajándolo y alisándolo.

Cogía su paleta y llevaba aquella masa marrón de derecha a izquierda, de abajo arriba. Luego le daba una vuelta, lo ponía en el aire, lo dejaba caer. Yo me quedaba hipnotizada con aquellos magreos.

Así que cada día, cuando llegaba a la tienda de discos que era justo anterior a la chocolatería, me preparaba para mirar a mi derecha y ver aquel espectáculo. El chocolatero empezó a darse cuenta de que yo era una habitual y, de vez en cuando, me saludaba. Yo le devolvía el saludo sin dejar de mirar sus manos. Es curioso que jamás entrara en la tienda a probar los bombones.

¿Quién diría que necesita tanto meneo el chocolate y lo divertido que es verlo bailar en la plancha o mesa de operaciones chocolateras? Yo tenía al chocolatero como a un experto artesano. ¡Con qué velocidad movía la paleta a derecha e izquierda! Me imagino que no podía dejar que el chocolate se enfriara antes de hacer con él lo que tuviera que hacerle.

Cuando el chocolatero me saludaba, yo creía que él era consciente de que yo le admiraba por su trabajo y que por eso me paraba siempre a mirarlo.

Pero un día pasó algo que lo cambió todo. Llegué a la chocolatería, me planté en la ventana. Él me vio y dejó lo que estaba haciendo. Yo pensé: «Qué mala suerte, hoy no lo veo trabajar». Y en dos minutos salió a mi encuentro y me pidió una cita.

Yo, que ni siquiera sabía cómo era su cara ni nada de él, más que trabajaba muy bien el chocolate, no vi ninguna razón para querer salir con él.

Así que, a partir de aquel día, cuando tocaba llegar a la chocolatería, me cambiaba de acera.

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