Darwin Redelico

Streaming

Tras finalizar una semana laboral marcada por días de nevada y sensaciones térmicas negativas a Carlos no le fue sencillo el regreso a su departamento y por eso se demoró un poco. Las previsiones del clima para el fin de semana tampoco eran halagüeñas. 

Pese a ello, al oficinista le esperaba como consuelo, tras la media jornada y la búsqueda de ofertas en el súper, el refugiarse en su hogar con aire acondicionado, pizza, vino, ropa de cama y maratones de series.

Carlos descubrió las bondades del streaming, hasta la adicción, durante los años nada fáciles de la pandemia. Obligado a refugiarse (y teletrabajar) en su casa, con su vida sentimental y social reducida a su mínima expresión, encontró en la caja tonta la mirilla desde donde contemplar el mundo sentado en su atalaya primermundista.

Él nunca había tenido grandes inquietudes por ninguna manifestación que implicara alguna complejidad intelectual. Apenas si husmeaba en sus ratos libres algún portal sobre deportes o el último escándalo en la vida de algún político. Sin embargo, encontró en el ritmo vertiginoso de las series un alimento para su alma, uno ya procesado y sin necesidad de digerir.

Primero se “enganchó” con una serie sobre una pandemia a nivel mundial, que se originó en la lejana, enigmática y poco civilizada China. Una serie de investigadores de Occidente (los buenos) trataba infructuosamente de averiguar cuáles habían sido las causas, pero el gobierno despótico (los malos) no les hacía nada fácil la tarea. Mientras, por todo el mundo se sucedían millones de muertes misteriosas por el virus. Pobres y ricos, jóvenes y ancianos caían sin que los científicos pudieran encontrar la solución. Estadísticas diarias por país que contabilizaban los muertos sobrecogían a Carlos en el borde de su mullido sofá.

Con la vacuna convertida en una feliz realidad y la luz al final del túnel, Carlos fue perdiendo el interés y entonces se fanatizó con otra superproducción: una distopia donde un grupo de extremistas toman por asalto el Capitolio y ponen en vilo a la democracia más importante del mundo. Las sospechas recaen sobre un malvado millonario muy excéntrico (el malo) con ansias de dominar el mundo. Siguió atentamente algunos capítulos y como juzgó que el final se demoraba y no terminaban de sentenciar al villano, a pesar de que para él era evidente quién era el culpable, de pronto cambió de interés.

Otro déspota, ahora un ruso (el malo), muy ambicioso y sin muchas convicciones democráticas decide invadir a un país pequeño e indefenso (el bueno). Pero a pesar de su superioridad militar y de la enorme crueldad desplegada no le será fácil hacerse con sus planes ya que la nación agredida, de nombre Ucrania, (que a los ojos de Carlos eran también rusos pero pacíficos) será defendida por las naciones occidentales y católicas. Carlos tenía la esperanza de que el conflicto se resolviera rápidamente y tuviera un final concluyente a favor de las víctimas. Pero capítulo tras capítulo se mostraban muchas imágenes crudas con muertes y sangre y como le pareció que alargaban la serie se aburrió y la abandonó.

Por suerte en ese momento se dio un estreno muy fuerte y prometedor. Una horda de musulmanes forajidos (los malos) ataca por sorpresa a unos chicos judíos (los buenos) que se divertían en un concierto. Por si fuera poco, mataron a niños y mujeres y secuestraron a otros tantos. La reacción de los protagonistas no se hizo esperar e hicieron justicia eliminando a toda esa gente extraña de rostros cubiertos, blasfemos y salvajes. Carlos disfrutó cómo destrozaban sus viviendas.

Hace poco comenzó a mirar una de narcotraficantes. Siempre se divirtió con este tipo de series. En este caso siguió capítulo tras capítulo cómo los carteles (los malos) se apoderaron de un país llamado Ecuador (los buenos). Al principio creyó que se desarrollaba en África, pero como los extras no eran negros y hablaban igual que la limpiadora de su oficina cayó en la cuenta de que eran de algún lugar de Sur o Centroamérica. De todos modos, se sorprendió de ver las calles asfaltadas.

Quiso ver la semana pasada una película sobre un avión que cayó en unas montañas. La primera escena lo estremeció de tal forma que no pudo terminarla (además no sabía quiénes eran los buenos). 

Prefiere seguir deleitándose con la ficción.