Raskolnikov

Fernanda Almagro

Estimado Fiódor:

Bien me podrías haber mandado al desierto, a la jungla o incluso a Siberia. El frío y las condiciones extremas de esta última no serían nada comparado con el suplicio que estoy viviendo. Pero no, tenías que mandarme al futuro. Me ha parecido una crueldad nada acorde con el acto cometido. Al fin y al cabo solo he librado al mundo de una vieja usurera. Si, ya sé, me dirías que qué hay de lo de Lizaveta, la hermana. Solo añadiré que fue un accidente, algo coyuntural.

Aquí, no sé como explicarlo, no me hallo. Me podías haber dado otra profesión y no la de informático y encima mileurista. ¡Ya hay que ser ladino! Yo no estaba acostumbrado como toda esta gente a estar todo el día mirando pantallitas. Tengo los ojos como dos centollos.

Cuando me contestes, si es que te da la gana de hacerlo ya que te crees el dueño y señor de mi vida, mándame noticias de Sonia. ¡La echo tanto de menos! ¡Y no puedo mandarle ni un mísero whatsapp!

En fin te dejo que no quiero que me vean escribiendo a pluma y papel. Bastante rarito (o “friqui como dicen ahora”) parezco ya sin necesidad de eso.

 

Estimado Fiódor:

En respuesta a tu última carta tengo que agradecerte que al menos me dieras noticias de mi querida Sonia. Me hace feliz saber qué está buscando la forma de llegar hasta aquí. Conociendo lo tenaz que es sé que lo conseguirá.

Me parece mentira que me hayas mandado a un mundo que desconoces tanto. Pero, como no soy tan malo como muchos piensan, te explicaré todo lo que me has preguntado:

  • “mileurista”: básicamente significa que vivo tan míseramente como vivía en San Petersburgo, o sea más pobre que las ratas.
  • “pantallita”: diminutivo de pantalla. Es una especie de cristal mágico en el que puedes ver personas que están al otro lado del mundo, buscar información sobre cualquier cosa que se te ocurra, ver películas (algo parecido al teatro), escuchar música, etc. Es algo que tiene obsesionados aquí a casi todos.
  • “whatsapp”: empezó siendo como telegramas en una “minipantallita “pero ha pasado a ser casi la primera forma de comunicación. Será por eso que aquí tenemos todos las cervicales destrozadas.

Me dices que me encuentras cambiado, más irónico y menos depresivo, que me estoy “saliendo del guión”. Pero si querías controlarme ¿para qué me has mandado tan lejos y no me refiero solo al lugar?

Te explico, cómo me pides, mis motivos. Sabes que el robo (y asesinato) no fue por el dinero, al menos no solo por eso. No fue solo la miseria lo que me empujó a ello. La vieja era escoria y solo los que podemos verlo y tenemos el valor debemos acabar con ella por el bien de todos. ¡Pero bueno! ahora que lo pienso ¿no me fuiste tú dando empujoncitos para que lo hiciera? Siento decirte (en realidad me alegra) que tú eres igual de culpable o al menos cómplice de todo lo que paso.

No sigo escribiendo porque no quiero enfadarme más contigo. En el fondo te tengo cariño y la relación de tinta que nos une es demasiado fuerte como para romperla por una discusión y menos por una vieja ávara (y una hermana que se le ocurrió estar en el lugar equivocado).

 

Querido Fiódor:

Ha llegado la hora ponerse serios. Me has pedido que reflexione y así lo he hecho. 

En cierto modo tienes razón cuando dices que me creí un dios, no un dios cualquiera, sino un dios que ejerce su derecho a decidir quién debe vivir y quien no según su conveniencia. Me ha costado mucho reconocerlo pero es así. Pero piensa que tú me condenaste a ello cuando me pusiste ese nombre: *“Raskolnikov”, cuando me enviaste a vivir esa habitación oscura y deprimente, cuando no me diste dinero ni para acabar con dignidad mis estudios, cuando hiciste que mi hermana se prometiera con ese hombre ruin para salvarme de la miseria…

 Ahora soy yo el que te pide que reflexiones: ¿acaso no estás jugando tú también a ser Dios cuando decides a quién y cómo debes castigar?

Sin más se despide

Rodion Románovich Raskolnikov

 

*cismático