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Educación católica | Nataly A. Zerpa

Educación católica | Nataly A. Zerpa

Mariana, cansada de estudiar para su final de “Gestión de  Recursos Humanos”, se levanta de la mesa y, sigilosamente, se  dirige a la cocina. Abre su caja de tés y, tras nueve minutos  sopesando cada sobrecito como si eligiera el destino de su vida,  se decide por un té manzanilla. 

El silencio se quiebra de pronto: 

—No puedo creer lo sosa que sos, Mariana. ¿Manzanilla? ¿De  verdad? ¿No podés tener un poquito más de personalidad?  Mirá, probá al menos un rooibos vainilla, un chai masala…  incluso un té verde con jengibre si querés ir por lo exótico per  seguro. Pero… ¿manzanilla? San Messi de las canchas benditas  te imploro que me ayudés… ¡qué destino cruel el mío,  condenada a vivir con una humana que elige manzanilla! 

—¿Qué dijiste? — susurra Mariana, con los ojos muy abiertos  y una incredulidad que le desbordaba la cara entera. 

—Que sos una sosa…la reina madre de todas las sosas habidas  y por haber. Lo único vibrante en tu vida es el ridículo nombre  que me diste: Chispita. Soy una perra seria y tengo que andar  por la vida llamándome chis-pi-ta. ¿Vos te das cuenta del nivel  de pelotudez atómica?

—¿Y tú qué sabes? —logra decir Mariana, incrédula, con la  bolsita de manzanilla aún entre sus dedos. 

—Soy una perra, mi ciela. Huelo cosas. Y te aseguro que así no  vas a llegar a ningún lado. 

Mariana gira lentamente, convencida de que la voz es producto  del cansancio. Pero ahí está Chispita, con el hocico apoyado en  el borde del colchón y los ojos llenos de lástima. 

—Mirá… en mi juventud yo era callejera: la más perra de todas  las perras —se lame la pata con un orgullo que roza lo  obsceno—. Y ahora, de vieja, me volví insípida como vos,  porque ya sabés… los animales se parecen a sus dueños. 

—¿Insípida yo? 

—Insipidisísííííísima —sentencia—. Mirá a tu novio. Juan…  es que hasta el nombre me da pena. Buen muchacho, sí,  buenísima gente. Pero tú y yo sabemos que esa relación está  más muerta que mi instinto cazador. 

—¿Qué tiene que ver eso con mi novio? 

—Marianita, mi amor… si seguís con esa educación católica  pegada tatuada en el medio de la frente, vas directo al cielo, sí,  pero con una vida sexual más aburrida que misa de domingo.

—¡Basta, Chispita! —dice Mariana, escondiendo la cara entre  las manos. 

—Mira, ni vos sabés lo que te gusta, ni él sabe lo que hace. Ese  “delicioso” de ustedes da lástima ajena. Y no te ofendas, pero…  vos merecés más que fingir orgasmos con cara de trámite del  ANSES1

—Pero… yo… yo quiero llegar virgen al matrimonio. 

— Ay, San Messi de todas las canchas, ayudáme, te lo suplico  por favor… —suplicó Chispita mirando al techo—. A ver,  ¿cómo te lo explico, Marianita linda? Eso de “llegar virgen al  matrimonio” mientras entregás el asterisco es como decir que  sos vegana, pero comés choripán “solo los domingos”. Eso no  tiene pies ni cabeza. Te casás “virgen”, sí… pero solo en la  parte que Google Maps no reconoce. 

—Basta, perra fea… gritó Mariana, ofendida. 

—¿Perra fea? —se indigna Chispita, llevándose una pata al  pecho como si la hubieran apuñalado en el honor—. Ni para  insultar tenés imaginación… ¡Ni eso, Marianita! Mirá, vos lo  que necesitás es probar. Probá cosas nuevas, probá cosas viejas,  probá cosas que hagan ruido, no sé… ¡probá algo diferente! 

1 ANSES: Administración Nacional de la Seguridad Social en  Argentina.

Con cautela, sí, pero probá, antes de firmar contrato para  garchar el mismo pene por siempre y por los siglos de los  siglos, amén —exclamó Chispita con la paciencia corta—.  Ahora dejá esa manzanilla y llevame al parque. Tu represión  sexual me bajonea… Y por favor, POR FAVOR, ni se te ocurra  ponerte el gorrito ese con orejitas de conejito. Ese… el  rosadito… el que te deja igualita a la mascota de un kiosco de  peluches truchos “made in China”. 

—¡Chispita! 

—Vamos, Marianita. Antes de que tu espíritu se me muera del  todo y me toque cargar con una dueña fantasma. Mirá que los  fantasmas no dan comida… y tampoco pueden recoger mi caca.

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