fbpx
⚠️ PROMO FEBRERO ⚠️ Accede a PREMIUM por solo 49,90€ 29,90€ ⚠️

Volver | Roberto Vega

Volver | Roberto Vega

Nos encantaba la casa. Era antigua, muy luminosa, con un jardín que la bordeaba, donde crecía un sinfín de variedades diferentes. Además, tenía la mayor biblioteca que yo había visto jamás.

Me gustaba vivir con mi tía; bueno, en realidad, era la hermana de mi abuela. Recuerdo que era muy disciplinada: se levantaba temprano —al amanecer—, se servía un ponche, y leía hasta que yo me despertaba. Después desayunábamos juntas y, mientras yo recogía la cocina, ella se dedicaba al jardín. Amaba sus rosales; decía que tenía más de mil (yo nunca los conté).

A veces, después de la siesta, desaparecía, y no volvía a saber de ella hasta el alba. En esas ocasiones, me decía que era la casa, que era muy grande: un laberinto de habitaciones y pasillos del que le costaba salir.

—¿Y cómo encuentras el camino?  —le preguntaba.

—Son las paredes: ellas me lo susurran.

Naturalmente, yo no creía ni una palabra. Sabía que, desde que el tío Luis se había ido, ella lo echaba de menos, por lo que suponía que pasaba las tardes en el despacho que él había tenido en el ático. En algunas de sus escapadas, podía escuchar tumbada en mi cama el rasgado aterciopelado del tocadiscos del tío Luis, acompañado de la dulce voz de mi tía.

Una mañana me levanté asustada. Al principio creí que eran las paredes: parecían murmurar sonidos amargos, con color a cal. Detuve la respiración: ruidos apagados podían escucharse en el piso de abajo. Me levanté y bajé las escaleras para ver qué estaba ocurriendo. Al principio, creí que era una pesadilla sin sentido; la distribución de la casa había cambiado por completo: donde, hasta la noche anterior, había habido un sofá, ahora, había una cama; el lugar que unas horas antes había ocupado un armario, ahora, estaba habitado por una bañera… Solo cuando vi aparecer a mi tía con un delantal, un pañuelo en la cabeza y unos guantes, comprendí que se trataba de uno de sus cambios.

Mi tía tenía mucha imaginación. Ella decía que era una característica de nuestra familia, «Por leer tanto». Un atardecer, después de haber cenado, se sirvió un ponche, y me contó una historia terrorífica. Al parecer, un día que ella y tío Luis habían salido, un vecino que paseaba a su perro vio que habían dejado la puerta de la casa entornada. Cuando el hombre se acercó para avisar a los tíos, el animal comenzó a correr nervioso y se coló en el interior. El vecino lo encontró en el sótano rodeado de cadáveres en descomposición. Sin apenas aliento, salió de la casa y avisó a las autoridades. Cuando los tíos regresaron, encontraron el jardín de la entrada invadido por cientos de coches de policía; en el sótano no había nada. La tía decía que eran nuestros antepasados: «Viven atrapados en las paredes. Cuando sus lamentos son demasiado feroces, los muros los dejan salir, pero sus cuerpos descompuestos tienen frío aquí fuera, y no tardan en regresar».

Una tarde, después de la siesta, mi tía desapareció. No volví a verla jamás. La busqué. Recorrí lugares de la casa donde nunca había estado. Pregunté a las paredes si ellas se la habían llevado, pero no obtuve respuestas.

Pasaron los meses, y la casa cambió. Me despertaba de madrugada y escuchaba rumores: eran las paredes. Lamentos fríos recorrían el aire, denso, y me acariciaban el cuello; tiraban de mi brazo para que los acompañara.

Una noche, me pareció escuchar la voz de mi tía. Me levanté de la cama. Los rayos de la luna que se colaban del exterior formaban sombras sobre el entarimado. Vi una mancha en la pared: era grande. El desconchón gimió de dolor con el tacto amargo de mis yemas, sin embargo, una sensación agradable recorrió mi brazo. Volví a escuchar la voz de mi tía: provenía del interior de la pared. Me acerqué y sentí una caricia en la mejilla. Era tan agradable que no supe en qué momento mi cuerpo había sido absorbido por la pared.

Ahora, vivo atrapada entre estos muros. Lamentos de impotencia recorren las estancias vacías. A veces, podemos salir, pero tengo frío ahí fuera, y no tardo en regresar.

Últimos relatos

Últimos relatos

El Arte de Escribir y la Emoción del Entretenimiento Scrivere, Sognare e Giocare Scrivere, Giocare e Sognare AviaMasters - Juega con Dinero Real en el Casino Online Chicken Road - Juega el Slot Online Penalty Shoot-Out Street - Juega con Dinero Real Plinko - Juega con Dinero Real