Ana Patricia Martínez. Inocente. Reto 361
En la sala de audiencias orales se llevaba a cabo el interrogatorio.
Habían presentado a un hombre pero no como testigo sino como indiciado.
La tensión provocó un silencio incriminatorio. Las personas lo veían con una mezcla de curiosidad y horror.
–Señor Juez, no entiendo por qué me llamaron a declarar en este asesinato – dijo visiblemente molesto Damián, mientras se aflojaba la corbata que parecía asfixiarlo – yo solamente reporté la desaparición de mi novia.
–He sufrido muchísimo desde que encontraron su cuerpo en el bosque donde solía correr, pero yo nunca la acompañaba pues a Laura le gustaba ir sola, muy temprano.
Ese día me fui a trabajar, luego al gimnasio y, al final a tomar unos tragos con un amigo. Volví a mi departamento tan tarde que no quise llamarla como lo hago siempre o casi siempre –añadió titubeando y limpiando el sudor que perlaba su frente.
Al otro día, al ver que no contestaba mis llamadas primero pensé que se había enojado porque no le di las buenas noches. Al pasar el día me contacté con su compañera de trabajo y así me enteré que no se había presentado. Acudí a su condominio, entré con las llaves que ella me dio y no encontré nada fuera de lo habitual – incómodo se enderezó en la silla– bueno sí había algo raro, su coche estaba ahí en el estacionamiento y ella siempre lo usaba para ir a correr.
Inmediatamente reporté su desaparición pues temía que estuviera en peligro. Jamás pensé que la encontrarían ahorcada a un lado del camino, desde el amanecer.
–¿Que cómo sé la hora de su muerte?– inquirió preocupado –Pues quizás escuché a algún investigador diciendo eso.
–¿Que no han difundido la causa de su fallecimiento? – preguntó angustiado.
–Usted está tratando de confundirme e incriminarme, así son ustedes. Todo el sistema penal es injusto y corrupto, lo que quieren es darle carpetazo al caso – continuó agresivo.
–Cheque mis coartadas. Tengo testigos en mi oficina, en el gimnasio y mi amigo Jaime dirá que estuve con él. Hasta seguramente estoy en las grabaciones de las cámaras de vigilancia de esos lugares.
¿Qué por qué digo coartadas?–una vena en su frente parecía estar a punto de reventar.
¿Cómo que nada de eso sirve porque Laura murió antes y porque su auto con lodo del bosque apareció estacionado posteriormente? – al pronunciar esas palabras, se derrumbó.






