TALLER DE CORRECCIÓN GRATUITO

MARÍA M. ARCE

Cada mes tenemos un taller de corrección gratuito con María M. Arce a través de nuestro canal de YouTube y nuestro grupo de Facebook.

Este es un taller sin coste que ofrecemos a todos los que tengáis ganas de aprender para agradeceros vuestra predisposición por las letras y la escritura. 

La metodología es sencilla. Cada mes proponemos un texto y tendréis que corregirlo antes del taller. María M. Arce lo corregirá en directo en el taller y podréis preguntarle dudas a través del chat del directo. 

¡A ver cuántos fallos sois capaces de descubrir!

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MARÍA M. ARCE

El próximo taller tendrá lugar el 20 de septiembre a las 21:00 horas de España que equivalen a:

– 14:00 en Ciudad de México

– 15:00 en Bogotá | Lima | La Habana | Quito

– 16:00 en Caracas

– 16:00 en Buenos Aires | Santiago de Chile | Montevideo

IMPORTANTE: Si te pierdes el taller, podrás verlo más tarde, pues quedará subido en nuestro canal de YouTube. Sigue leyendo para descubrir cómo unirte.

 

Texto del Taller 20 de septiembre

Luego del tercer baile ininterrumpido sus facciones comenzaron a mostrar su desagrado y el joven Domingo Funes lo notó a lo lejos. Dejó el grupo de hombres con los que conversaba y caminó hacia la pareja.

  –Me parece que la señorita Betker ha permanecido suficiente tiempo en sus brazos. Creo que es momento de compartirla, ¿no le parece? –y desunió sus manos para luego apoderarse de la cintura de la joven. 

Agostina contempló perpleja la situación cuando cayó en la cuenta de quien se

trataba. 

  -¡Domingo, qué alegría volver a verte! Te creía en Norteamérica -y le dedicó una sonrisa sincera, que lució sus dientes blancos y perfectos.

Se trataba de su querido amigo de la niñez. Era cinco años mayor que ella, pero habían jugado juntos desde que tenía memoria. Él había sido su héroe de la infancia y su compañero de aventuras.

  -Lo que sucede es que volví la semana pasada a Buenos Aires. Me enteré de esta fiesta y  que ibas a asistir y no me pude negar. Veo que llegué en un buen momento. No se te veía muy a gusto con tu anterior acompañante –adujo en tono burlón-. Así que fui a rescatarte.

Entre ellos se instaló el tuteo, que era su forma habitual de tratarse. No lo concebían de otra forma.

  -Ni me lo menciones. Mi madre ha estado muy ocupada buscándome candidatos

–meneó la cabeza en clara negativa-. Y encima de los más pelmazos.

Domingo rió gratamente e inclinó la cabeza de lado para mirarla con una sonrisa. –Sí, me enteré de sus andadas. Ya sabés que tu madre no tuvo las mismas oportunidades que vos.  

Agostina se quedó pensando en sus palabras.

  -¿Cómo está Sofía? –cambió de tema-. La vi junto a sus padres cuando llegué.

  -Bien. Aunque las cosas cambiaron bastante desde que te fuiste. El año pasado se puso de novia con Diego Núñez. Ella tiene ganas de casarse y él le da vueltas.

  -Con razón… cuando la saludé, no me devolvió el saludo.

  -No creo que lo haya hecho de mala voluntad. Seguro que no te reconoció. La verdad es que estás muy cambiado.

  -¿Cambiado para bien o para mal?

  -¡Para bien Domingo! Hasta a mí me costó asociarte a mi amigo de la infancia con ese bigote que usás. Decime… ¿no te molesta?

  -Para serte franco, me molestó un poco al principio, pero ya estoy acostumbrado a tenerlo y a verme con él.

  -El problema es que somos nosotros los que nos tenemos que habituar ahora a ese grupo de pelos en tu rostro –argumentó mientras reía.

  -Si no te gusta, me lo quito y listo –se burló.

  -¡Para nada! Es sólo que parecés más maduro y no me adapto a la idea, aún.

 “Espero que te adaptes rápido” pensó.

Siguieron bailando y Domingo comentó:

  -Veo que al que no tiene pareja, le buscan una.

Agostina lo miró y comprendió el significado de su comentario. 

  -Sí, parece ser que necesito un novio. 

  -Entonces me complace en informarle que volveré a rescatarla my Lady -lo dijo en ese tono irónico que ella tanto conocía-. ¿Qué le parece si le dice a su madre que deje de buscarle candidatos?

  -¿Y por qué debería de hacerlo? –indagó, utilizando el mismo tono.

  -Porque su caballero en armadura ha llegado y con él termina la búsqueda -lo expresó con tanta solemnidad que provocó una risa fresca en la aludida. 

  –Mirá Agostina, tu madre está convencida de que necesita buscarte un candidato para casarte, no sé por qué motivo. Yo no tengo apuro en ello, pero como tu amigo, puedo dejar que ella crea que estoy interesado en vos y así te deja tranquila.

  -¿Y qué ganás vos con eso? –lo observó con incredulidad-. En el momento que te interese una jovencita te va a perjudicar. ¿No lo pensaste?

En realidad sí lo había pensado. El problema consistía en que ella era quien le interesaba. Desde pequeños la había amado y, al sentirla suya, la había protegido con celo. No olvidaba el día que viajó a Norteamérica y ella lo abrazó llorando, diciéndole que lo extrañaría. Había sido uno de los momentos más difíciles y decisivos de su vida. A partir de ese instante, se juró volver hecho un hombre rico, y lo había logrado. Sabía que su familia no le permitiría emparentarse con el hijo de un simple obrero sin dinero y sin doble apellido. Por eso había trabajado sin descanso en la bolsa de Wall Street, estudiando los altibajos, consiguiendo inversionistas y desarrollando tácticas para calcular apuestas seguras. Había acumulado una fortuna considerable y ahora tenía suficiente dinero para lograr que lo aceptaran.

  -No te preocupes por nada, cuando llegue ese momento lo voy a resolver. Pero ahora quiero ayudarte a salir de esta búsqueda por parte de tu madre y así ganarme tu amistad perdida, después de haberte hecho sufrir con mi despedida -lo expuso con sinceridad, mirándola a los ojos.

  -¡Ay Domingo, yo nunca dí por perdida nuestra amistad! –susurró con voz quebrada y lo abrazó hundiendo la cara en su pecho. Este gesto lo abrumó y generó una descarga de felicidad que no conocía. Por primera vez en mucho tiempo se sintió dichoso y pleno. Agostina sería suya como fuera. Sabía que ella lo adoraba, pero sólo como un hermano. Haría que lo amara de la misma forma que él lo hacía.

 

Ejercicio: Trata de reescribir el texto anterior, corrigiendo los fallos que vayas encontrando. Estos fallos pueden ser ortográficos, gramaticales o de signos de puntuación.

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