Memorias ancestrales | Aída Vergara
Cucú- cucú- cucú
Memorias magistrales murmuraban en mi mente
Ese reloj de mi abuela me traía a la memoria a rajatabla nuestros recuerdos, que estaban por siempre en mi intelecto.
Las visitas y los domingos a su casa, invitándonos siempre a comer.
La cocina, con ollas colgadas en una de las paredes, y la cuidadora al pendiente de los platillos a degustar.
Cucú-cucú- cucú, nos recordaba” A comer se ha dicho”
La casa de mi abuela, conservaba una fantástica fachada repleta de flores.
El comedor clásico, con sillas acojinadas nos recibía para empezar la fiesta. En esta ocasión celebrábamos el día de muertos, honrando a nuestros ancestros.
Al centro de su casa, un patio, que daba a todas las habitaciones húmedas, repletas de historias.
En una de ellas, el ropero rosado donde guardaba dinero para darnos a sus nietos el domingo que todos esperábamos recibir. Tenía, siempre con ella unas llaves escondidas, en la faja debajo de su falda.Mi abuela, amorosa, ansiosa de compartir la abundancia de la que gozaba,disfrutaba esbozando una cálida sonrisa, formando en una fila a todos sus nietos.
Y no faltó, el día, en el que uno de ellos se las ingenió para sin que sintiera, quitarle las llaves de su ropero y sustraer un poquito de efectivo, “que al cabo no se daría cuenta” pensó…
La abuela con 89 años y una lucidez extraordinaria, tomó el bastón molesta y gritó !!!Aaaaaagh!!! Desplomándose en el sofá de esa habitación.
Papá sin dudarlo, nos mandó hablar a todos:
Haber haber, aquí no hay ladrones, tomando toallas de la cocina nos vendó a todos los ojos diciendo: -el que haya sido tiene la oportunidad de dejar en este momento lo que ha tomado, de aquí nos iremos sin que sea devuelto. ! En casa hablaremos del castigo a quien lo hizo!
Mi abuela, amorosa, generosa, comentó:. gracias a todos por regresar lo que no les pertenece, amo perdono y olvido, pero nunca lo vuelvan hacer,, que esos no son los valores de la familia.
Cucú cucú cucú, el reloj marcaba las siete de la tarde. Este festejo, marcaría por siempre a la abuela, decidiendo colgar sus llaves en una cadena al cuello
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