Thelma Moore

Falsas palabras

Era la población más “consentida”  del país.  Los visitantes llegaban de todos los rincones del territorio.  Su propósito común era descifrar la razón por la cual ahí  no había detenciones ni muertes por contravenir la Ley de las Palabras Prohibidas.  

Los forasteros se asombraban de la cantidad de perros y gatos que existían.  Cada casa habitación cuando menos poseía un perro y un gato; lo común era que existieran cuatro mascotas: dos perros y dos gatos.  Inclusive existía en la plaza principal una estatua de un político famoso en cuyos pies descansaba una representación de cada animal.

En casi todo el planeta las únicas opciones de trabajo eran la producción de materias primas a cambio de vales para comida, ropa, agua.  El orbe se había segregado de tal forma que el grupo en el poder acaparaban la producción agrícola  para obtener tecnología en intercambio con otros mundos.  El dictador vivía en un paraíso terrenal, en un palacio con servidumbre y toda clase de comodidades, rodeado de sus guaruras y seguidores incondicionales.  Los demás habitantes estaban sometidos a esa élite explotadora desde hacía ya un siglo,  y la tecnología  les permitía detectar cualquier insubordinación hasta en el ámbito más recóndito del territorio. 

Nadie sabía  cómo se enteraban cuando alguien decía alguna palabra prohibida, (palabras generalmente ligadas a rebeliones y a críticas contra el férreo autoritarismo) . Lo cierto era que al pronunciar cualquiera de ellas,  inmediatamente aparecía en el  lugar del desacato la Policía Especial de Palabras Prohibidas y se  llevaban al o a los detractores.  Se rumoreaba que las penas eran de muerte por ser acusados de traidores a la nación y por eso nunca los volvían a ver.

Pocos sabían  del éxito de esa población para ayudar a la resistencia.  Debido a que siempre  era premiada  por el régimen como la más disciplinada, gozaba de menos control de sus actividades.  Eso le había permitido construir una red de túneles por donde podían pasar a las poblaciones aledañas  y  reunirse con otros dirigentes para planear el golpe de estado. Los túneles estaban conectados a socavones  naturales, abundantes en esa región, de tal forma que no salieran las ondas de sonido y se pudieran detectar las conversaciones.

Pero…¿qué hacían a nivel de familia, de negocios, de reuniones de todo tipo?

Hasta cierto punto era un procedimiento sencillo, pero requería de ingenio para transmitir la información. Amable lector, ¿al leer el siguiente mensaje hubiera podido saber de qué se trataba? 

“Nuestro perro, el más grande,  estaba rabioso porque alguien volteó el bol con sus croquetas.  Para evitar que los animales depredadores las encontraran, las retiré  y las quemé.  Precisamente, luego llegaron los gatos del vecindario y husmearon por todo el lugar, sin encontrar nada.  Por más que buscaron se fueron con las panzas vacías.”

De lo que se trató la información fue lo siguiente:

Sucedió que por ese tiempo el dictador estaba muy molesto porque le informaron sobre un ataque de los rebeldes que  habían descarrilado el  tren carguero de trigo dirigido a los silos del gobierno, y le prendieron fuego para no dejar evidencias.  Cuando llegaron los especialistas investigadores  no encontraron ni rastros de los asaltantes.

Con la clave ya en poder del lector, ¿Qué deduciría del siguiente mensaje?

“La fecha de la competencia final de los caninos será el 18 de marzo próximo.  Se aceptan toda clase de perros y si son de raza brava mucho mejor”*.


*Para fines de marzo, los dirigentes enfrentaron una rebelión que los echó del poder y nunca descifraron la estratagema de los dobles sentidos de las palabras.