Cuenta atrás

Carlos DK

61 días

Vengo otra vez a ti. Hacía tiempo que no escribía y creo que me vendría bien. Al menos, me servirá de desahogo. Me siento triste, desgraciada, desolada. Aún no me lo creo. Es como si no me estuviera pasando.

59 días 

He discutido con Manuel por no querer salir; no quiere entenderme. Lo amo con todo mi corazón y sabe que haría lo que fuera por él, pero solo quiero estar sola y no ver a nadie. ¿Por qué no me deja en paz?

50 días

Hoy me he puesto a llorar mientras almorzábamos, Marco me miraba sin comprender. Manuel, al verme, se me acercó con los ojos enrojecidos. Él siempre ha sido capaz de sacar una sonrisa incluso cuando nos embargaron. Me abrazó y me besó; sé que no es fácil para ninguno, y esta vez no es algo que pueda solucionar.

48 días

Hoy he visitado a mi madre. No podía dejar de llorar. Me ha dicho que rezará por mí. No le dije nada, pero dudo de que Dios exista.

46 días

Han pasado quince días desde que me dieron el diagnóstico. He intentado explicarle a Marco que voy a irme con el abuelo al cielo en pocas semanas, y me respondió que quería venir conmigo. Le insistí en que solo podía ir yo; se enfadó, me gritó y se puso a llorar. No pude hacer otra cosa que abrazarlo y llorar con él. 

42 días

Esta tarde se me ha caído el vaso de café. Me noto cansada; no tengo fuerza en las manos. No tengo fuerzas para vivir. Manuel me ha insistido en que elija los colores de la nueva casa, pero no quiero elegir ni le veo sentido a pensar en el color de las cortinas.

33 días

Manuel me ha llevado a ver un concierto de música clásica. Me hizo reír quejándose de que no había dónde comprar palomitas. Sé que le aburre. Había conseguido que nos sentáramos en las mejores butacas y sentí la música hasta lo más profundo de mi ser. Me puse a llorar de emoción y me sentí más plena que triste.

26 días

He comenzado a tocar el piano; siempre quise aprender música y parece que a Marco no se le da mal. Me dieron una sorpresa llevándome a la tienda para recogerlo. ¡Es precioso! 

Hoy estamos en plena naturaleza, en una casita con el fuego encendido. Aunque me cuesta caminar y mi cansancio va en aumento, he disfrutado al ver a mi familia jugar con la nieve. Incluso he tirado alguna bola.

16 días

No pienso en el tiempo que me queda; me he centrado en vivir el tiempo que tengo y puedo decir que está siendo maravilloso a la vez que desesperante. Como si tuviera una sed que no pudiera calmar. Siento no haber aprendido antes a vivir con esta intensidad. Las cosas importantes son ahora las importantes. Sé que suena rancio, pero no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Eso incluye decir los “Te quiero”.

11 días

Casi no puedo levantarme de la cama y me he trasladado a la habitación de invitados; no tengo que subir escaleras y tengo todo a mano. Noto cómo me estoy apagando. Lloro y río con facilidad. No sé si es locura o volver a ser niña. Pienso en si realmente habrá algo después o si solo somos una acumulación de alimento. Si fuera lo primero, no tengo de qué preocuparme; si fuera lo segundo, tampoco.

6 días

Empiezo a ser una carga para mi familia: necesito ayuda para cualquier cosa. Me apago. No sé si la mirada de Manuel es de amor o de compasión. No se separa de mí. Dice que ha pedido vacaciones, pero sé que ha dejado el trabajo para estar los últimos días conmigo. No siento dolor físico, tampoco rencor hacia nada ni nadie. Solo una pequeña espina clavada en el alma por haber desperdiciado mi tiempo en cosas que no quería.

1 día

La vida es como la luz que intentas atrapar con las manos: cuando las cierras, ya se ha escapado.